De mujeres y otras mujeres

Me declaro misancrítica. Las mujeres somos una historia interminable de guerras internas, puñaladas traperas y fracasos sociales, personales y emocionales…¡POR TONTAS!

En general, no me gustan las mujeres como género. Creo que somos insolidarias entre nosotras; que no entendemos la libertad de acción, arte y carácter de las más valientes; que estamos completamente mediatizadas por nuestra biología y el impositivo casi insoslayable de la procreación, y que las neurosis nos rondan amenazadoramente como buitres sobre cadáver de caballo.
Por todo eso, las mujeres convencionales me aburren mortalmente. No encuentro puntos en común con una hembra cuya máxima en la vida es tener hijos porque sí, marido con posibles, hipoteca porque toca, trabajo de oficina a media jornada para poder consumir, comidas familiares los domingos y vacaciones en el resort de turno vía selfies. No tengo nada que decirle a esas mujeres y ellas no tienen nada que decirme a mí. Les deseo toda la felicidad del mundo pero su felicidad es mi pesadilla.

Prefiero que Freddy Krueger me saque la piel a tiras y se haga un trikini

Prefiero que Freddy Krueger me saque la piel a tiras y se haga un trikini

Por eso tengo más amigos que amigas y estas últimas suelen ser de las que andan por el lado salvaje de la vida: solteras sin fronteras, casadas sin hijos (como yo), alegres divorciadas y lesbianas bien emparejadas. Digo lado salvaje porque sigue siendo difícil en este siglo XXI tener cierta edad y no tener hijos por y a conciencia, ser soltera o divorciada y estar contenta de serlo, ser lesbiana y tener una vida de pareja feliz, estable y envidiable. Aunque tengo amigas de las otras (hetero emparejadas y con hijos) son las menos. Por ser como son adoroooo a mis escasas amigas.

Las viejas amigas mueren sólo de risa

Las viejas amigas mueren sólo de risa

Es por eso que me declaro a voz en grito MISANCRÍTICA. Soy jueza y verduga de esas mujeres víctimistas, manipuladoras, castradoras, histéricas, narcisistas y machistas. Son mujeres que NO se aman a sí mismas, no se respetan, no se conocen. Y por supuesto NO aman a los hombres pero necesitan tenerlos en sus vidas, que no entienden sin el macho. Desafortunadamente a esas mujeres les gustan más los chuloputas que los poetas, los gilipollas que los filósofos, los sinvergüenzas que los vergonzosos… Esas mujeres pueden ser las peores madres del mundo, les rompen la vida a sus hijos convirtiéndolos en tremendos machistas, en narcisistas negativos, en edípicos reprimidos y en misóginos irrescatables. Y a sus hijas las anulan degradándolas a muñecas de trapo abandonadas en un mundo de hombres, aletargadas por la humillación, interpretando las peores versiones de sí mismas.

Quien tuviera un buen guardaespaldas por delante y por detrás

Quien tuviera un buen guardaespaldas por delante y por detrás

A estas alturas del partido, y con tantas bajas entre nuestras filas, es absurdo pensar que todas las mujeres somos iguales, y meternos juntas y revueltas en el mismo saco no sólo es una injusticia y un absurdo, es IRREAL. Somos y nos comportamos como las antiguas polis griegas: envidiosas de la vecina, deseando su mal y ovacionando sus derrotas. Las mujeres podemos ser nuestras mejores aliadas y las peores enemigas. Y eso es un sinsentido fatal que nos ha acarreado históricamente muchos disgustos, tragedias y muertes. A pesar de los miles de sacerdotisas, curanderas, poetas, científicas, druidas quemadas en la hoguera y sufragistas autoinmoladas, o de excelsos modelos de conducta, carácter e inteligencia que imitar -Aspasia de Atenas, Hipatia de Alejandría, Artemisia Gentileschi, Dorothy Parker, Simone de Beauvoir, etc.- no hemos aprendidos nada.

¿De qué me sirve la libertad si no puedo tenerla en mi salón?

¿De qué me sirve la libertad si no puedo tenerla en mi salón?

Es ahora que necesitamos replantearnos nuestro rol universal de hembras, dejar a un lado el estereotipo de “mujer fatal siempre con problemas” y fijarnos en nuestros talentos sensibles, intelectuales y sociales. Debemos ayudar a crecer a las mujeres alienadas, sometidas, victimizadas (que son legión) porque ellas odian a las libertarias, a las valientes e independientes. No por envidia (que es una forma negativa de admiración) sino porque no pueden ni saben imitarlas y les da pánico afrontar “la soledad de la corredora de fondo”, quintaesencia de la libertad. No saben manejarse en ese ámbito de librepensamiento, porque nadie les ha enseñado a hacerlo.

Enséñame a entender y moveré el mundo

Enséñame a entender y moveré el mundo

En ese momento histórico donde se nos viene encima un teleñeco psicópata como presidente de los EEUU y el planeta se rebela de polo a polo, las mujeres tenemos que autoeducarnos y capacitarnos para la libertad de acción y elección, de pensamiento y creación para posicionarnos social y personalmente sin las coacciones familiares, machistas y sociales que nos han atenazado durante siglos. Que cada una sea lo que le apetezca ser: madre, esposa, empresaria, asalariada, proletaria, folladora o ricachona borracha.
Pero inteligentes y libres como ella, que un altar la tengo LIKE A VIRGIN: Santa MADONNA a la putanesca.

La insoportable invisibilidad de Ester

Quien dice Ester, dice Mónica, Carmen, Isabel… Llega un momento en la vida de una mujer en que se vuelve irremediablemente invisible. Es mejor estar avisada para que no te atropelle un autobús, te desvalijen la casa contigo dentro o te abandone tu pareja porque no te puede ver…

Este extraordinario fenómeno nos pasa a todas las mujeres indefectiblemente de los cuarenta en adelante, año arriba o abajo dependiendo del estado de conservación de cada individua. Quedan exentas actrices retocadas, cantantes en el top ten y empresarias con vara de mando. El resto no servimos ni para vestir santos, pues ya no hay Dios que nos mire.

¡¡¡Ven que te pongo un traje de madera, Milana bonita!!!

Yo empecé a percatarme este verano. Como no me puse shorts por la ingle ni pisé la playa por equivocación, estaba tan blanca como un fantasma en Halloween y menos apetecible que un espárrago de Tudela, tan jugosito y tierno él. En consecuencia me volví transparente para mis congéneres y tan insustancial me atravesaban por la calle como a una cortinilla de flecos. No me habían dado tantos codazos desde el último concierto de Siniestro total en el que casi me hunde el esternón un tipejo enloquecido al grito de “Hoy voy a asesinarte, nena, te quiero pero no aguanto más”.
Y ahí no acabó mi calvario: en el metro me molieron a pisotones, patadones y empujones como si estuviera metida en una melé de melaza. En las tiendas nadie me atendía, se me colaban hasta los perros, y cuando algún imberbe tropezaba conmigo me soltaba a bocajarro: “Mire por dónde va, señora. No apabulle”. ¡¿¿SEÑORA?!! ¡LA MADRE QUE TE PARIÓ (que debe tener mi edad), NIÑATO!

Ni con ser Mrs. Robinson puedo fantasear… Estoy más cerca de ser Ms. Daisy

Ante tal ceguera colectiva e insensibilidad social, a las mujeres que estamos en esta franja de grasa con lorza de menopausia, no nos queda más remedio que hacernos notar, ver y sentir. Para ello recomiendo algunos trucos no demasiado ortodoxos, pero efectivos, para evitar encontronazos innecesarios.

1. Teñirte el pelo de rojo Cresta de gallo peinado a lo Sid Vicious o de azul Pavo real corte Marge Simpson, para tener la certeza que se te ve la cabeza.
2. Variante de la anterior: Vestirte como el payaso de MIColor y -si las piernas te lo permiten- completar el conjunto con unas plataformas vertiginosas e ir pisando fuerte.
3. Vociferar por el móvil en plan megáfono como si estuvieras vendiendo acciones o dando órdenes de fusilamiento.
4. Variante de la anterior: Meterte en las conversaciones ajenas como si fueran de tu colla de amigos o te hubieran pedido consejo. Les costará un buen rato hacer como si no estuvieras…
5. Estornudar, toser y escupir en el autobús y/o metro como una llama en celo. Así mantendrás una distancia prudencial con la humanidad y te evitarás empujones, pisotones y algún que otro tirón (de bolso o pelo, es indiferente).
6. Ir por la calle metiendo codos como si estuvieras defendiendo en zona. Si te pitan personal es que alguna persona te ha visto… ¡Eureka!
6. Variante de la anterior: Clavarle sin piedad las bolsas de la compra en salva las partes blandas a cualquier viandante que te cruces o que se te cruce.
7. Poner el MP3 a todo volumen y cantar a pleno pulmón como si estuvieras en un casting de Tú sí que vales… o no.
8. Comprarte un perro bien grande con mucho pelo, de los que babean como aspersores y tienen alma de falderos. Él hará el trabajo sucio por ti a cambio de caricias, galletitas saladas y un hueso de plástico.
9. Fumar en sitios públicos y cerrados pasando de multas y amonestaciones. Así nadie escapará a tu humo embriagador.
10. Ponerte bótox por toda la cara a lo Carmen de Mairena y hacer vida normal aunque te tengan por una anormal.

¿Te molesta el humo? Pues haz como si no estuviera… ¡Coff, coff!

Si con estos consejos no consigues vencer la invisibilidad, eres un caso perdido a ojos vistas. A mí me están dando resultados, aunque tengo todas los números para llevarme a casa una piña.