El arte de piropear

No soy de las que pasan bajo los andamios mendigando perlas salvajes de bocas proletarias. Pero, ¿a quién le amarga un dulce? El piropo es un arte que no está al alcance de cualquier buzón. Hay que atreverse a admirar y para eso hay tenerlos bien puestos… los ojos.

Así como los insultos que he recibido en mi vida (no pocos y variopintos) se me han quedado grabados a fuego, los piropos que me han dedicado ocasionalmente me dan calorcito interior cuando la amenaza de la baja autoestima pugna por abrirme las carnes.

Una mañana de niebla en Santiago de Compostela, cuando aún era estudiante universitaria, tuve que salir al escape para recoger en la parada del autobús a una amiga que llegaba cargada de maletas. Iba caminando bajo el puente da Vedra con vaqueros ceñidos, botas altas, chaqueta roja de lana y cola de caballo medio deshecha, cuando pasé delante de una zanja donde tres o cuatro obreros estaban tomándose el bocata de las 11h. Uno de ellos levantó la cabeza y al verme pasar del alma le salió un Oleee, la clase se ve. Sonreí para mí pues me pareció un piropo de clase alta en boca de un Working Class Hero cualquiera.

Vente pa'cá que te voy a hacer un traje de saliva que te va a  hidrar tó el año.

Ven pa’cá que te voy a hacer un traje de saliva a medida que te como todo.

Está claro que la sensibilidad no entiende de clases, sexo ni edad. El piropo que más atesoro salió de la boca de una niña de no más de cinco años. Dicen que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad y esto fue de largo la cosa más bonita que me han dicho en mi vida “física” con diferencia. Tan hondo me caló que escribí un Micro Romance que aquí dejo para una lectura rápida.

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Quizás haya recibido otros piropos a la altura de los susodichos, pero no me acuerdo. Lo que viene a significar que me entraron por un oído y me salieron por el otro.
Sin embargo los halagos que más agradezco ( y los más escasos) son los que inspira mi forma de escribir, ya que sobre el cuerpo y el carácter el tiempo y la vida meten la mano más que el salido de turno. En la escritura y en la creatividad, para bien y para mal, la culpa es mía y sólo mía. Por eso agradecí infinito cuando Víctor J. Sanz, escritor, editor y profesor de escritura creativa, elogió los textos que le mandé para su blog Letras Inquietas con una hermosa frase lapidaria: “Tu prosa enamora”.
Estoy por convertirla en mi epitafio, aunque para ese último suspiro tengo otra idea…

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En definitiva, sobre piropos no hay nada escrito. Todo es lenguaje oral, gracias a Dios, porque para escribir burradas ya están las redes sociales.

PD: He tenido un olvido imperdonable, pues entre mis piropeadores habituales de letras y espacios, tengo que destacar a mi colega David Torres, blogger y escritor inspiradisimo como demuestra en su blog. Ya hace años me dio Un Bloggeras salerosas de Oro (premio que muestro con orgullo y satisfacción en la barra lateral de este blog) y me aseguró no ser “una simple juntaletras”. Más no puedo pedir.

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