Democracia, gobierno en modo “demo”

La democracia NUNCA fue el gobierno del pueblo, ni para los griegos ni para los Padres Fundadores de los EEUU. Era el gobierno de unos pocos que sabían lo que se hacían.
Ahora ya ni eso…

Cada vez que escucho la palabra “democracia” en la boca de uno de esos que se autodenominan “políticos” me entra retortijón de estómago. La democracia actual, sobada, malinterpretada y vilipendiada es la puta del pueblo: todos la quieren usar a su antojo cuando les conviene.

Pero la democracia nunca fue el gobierno del pueblo, ni siquiera en sus orígenes atenienses e ilustrados. Platón advirtió sobre ella, arma de doble filo, gobierno sibilino que es a la vez veneno y antídoto de las masas. En su obra Politeia, Gobierno de las Polis mal traducido como La república, expuso y analizó varias formas de gobierno vigentes en las Ciudades-Estado de la época.

Según su análisis, el régimen más perfecto era la Aristocracia, es decir, el gobierno de “los mejores” (aristoi-). Nada que ver con la aristocracia de hoy que arranca del vasallaje al servicio de reyes y señores feudales tanto en la paz como en la guerra. Esa aristocracia es un residuo medieval parejo a la monarquía, ambas trasnochadas, obsoletas e inútiles en la política actual.

Éramos todo cabeza por eso la perdimos…

Los mejores según Platón eran los filósofos, los amantes del saber, los sabios. El filósofo griego era un personaje extravagante, ocupado en investigar lo universal, lo humano y divino, y por tanto no parecía el individuo más idóneo para dirigir un estado ciudadano. Pero para Platón la ciudad ideal debería ser gobernada respetando la suprema Idea de Bien, Verdad y Justicia, y a su entender los únicos que alcanzaban a aprehender esa idea, y por ello legitimados para llevarla a la práctica, son los filósofos.

¡Voto a Sócrates manque muera!

Para no convertirse en una tiranía intelectual, este gobierno debía ser ejercido por varios filósofos durante un corto período de tiempo, para evitar todos los males que genera la persistencia en el poder. Aunque este sería un modelo óptimo de gobierno, los filósofos podía caer en dos terribles trampas en el ejercicio de su régimen: la demagogia (conducir a las masas apelando a las emociones y bajos instintos en lugar de a las ideas puras) y el sofismo, escuela de filósofos que utilizaban el saber con fines lucrativos prometiendo imposibles a una auditorio ignorante y crédulo.

La segunda forma de gobierno más recomendable según Platón sería la Timocracia,
el gobierno de los hombres de honor (timé-), es decir de los valiente y guerreros, una forma de gobierno con sus ventajas e inconvenientes. La ventaja es que el honor de los militares es noble y respetable, pero los hombres de armas son de alma irascible y carácter impulsivo, por lo que tienden a tomar decisiones rápidas e imprudentes. No es una forma de gobierno mala, siempre que no degenere en un grupo cerrado y privilegiado más interesado en las riquezas y el poder que en el gobierno ideal.
Además, corre el riesgo de adquirir carácter hereditario donde las generaciones posteriores -ya acomodadas- hayan perdido el sentido original de valentía, honor y austeridad en pro del bienestar personal.
De esta forma, la Timocracia degenera en una Plutocracia,(ploutos- riqueza), el gobierno de una oligarquía adinerada que nada tiene que ver con las clases de los guerreros y de los sabios.

Soy el Presidente de la Timocracia: un timo sin pizca de gracia.

La Oligarquía es una forma de gobierno desigual y materialista que ha perdido la Idea del Bien Supremo: “Cuando en una ciudad se admira la riqueza y a los ricos, se menosprecia la verdadera virtud y a los buenos.” En este tipo de gobierno, los ciudadanos pobres (los escalones más bajos de la sociedad) se encuentran oprimidos, no participan del gobierno ni tienen una correcta educación.

Si este escalón inferior pudiera acceder al poder estaríamos en un gobierno de Democracia, idealmente de libertad e igualdad entre todos los individuos. Platón sugiere que la democracia podría ser el más bello de todos los regímenes como un manto de miles de colores… pero eso es sobre el papel, un papel de seda que se desmigaja al mínimo roce. Porque en la práctica, según Platón, es una forma caótica de gobierno ejercicio por la multitud en un régimen sin ley, sin organización social y sin autoridad reconocida, que se ha repartido sin ton ni son entre individuos sin dotes políticas, sabiduría y honor. La democracia en ese estado es la pérdida total de los valores y la estabilidad social.

Y es que la democracia ateniense no era en absoluto, “el gobierno de todos”. Era SÓLO el gobierno de los que tenían derecho a voto: varones adultos ciudadanos atenienses por varias generaciones y efebos (con la mili hecha). Esto excluía a la mayoría de la población: esclavos, niños, mujeres y metecos, residentes extranjeros. Tampoco podían votar los ciudadanos endeudados o con causas legales pendientes.
El cambio más importante en los siglos V-IV a.C. es que no era necesario ser rico o propietario para acceder a la ciudadanía, sólo se debía pertenecer a una fratria, una especie de hermandad ancestral que arranca en los siglos oscuros (antes de Homero). De estas fratrias procedía la clase social emergente con derecho a voto: el demos, estamento formado por los artesanos y campesinos con tierras. Así que textualmente «democracia» significa «el gobierno de los artesanos y campesinos», la clase trabajadora en definitiva, los burgueses del futuro.

Nosotras no votamos pero gobernamos

Aquella democracia se adecuaba a las clases y necesidades sociales de la Atenas de su tiempo. Sin embargo, estoy de acuerdo con los griegos de Pericles: no todos deberían tener derecho a voto, sólo los “sabios”, los hombres de honor, los que demuestren tener cerebro para hacerlo. Propongo que para poder votar se pase un psicotécnico de cultura general y urbanismo, de conciencia social (que implica haber vivido y leído) y de ética (que implica haber sido educado). No es tan difícil de implementar: es necesario para conducir un coche, ¡cuánto más para conducir una nación!

Votantes de todos los colores pero con cabeza

Y es que el gran peligro al que se enfrenta la democracia cuando la turba accede a las urnas es la Oclocracia, gobierno de la muchedumbre, de las masas con una voluntad moldeada, viciada y perjudicada por la demagogia. Este régimen carece de capacidad de autogobierno pues el pueblo ya no está formado por “ciudadanos” sino por un rebaño informe, deforme y desinformado. Así lo afirmaba Polibio, historiador griego del siglo III-II a.C. al que siguieron otros grandes pensadores: Aristóteles, Pericles, Sartori, Juvenal, Shakespeare, Lope de Vega u Ortega y Gasset, gobierno que denominó “hiperdemocracia”. La oclocracia rige a un pueblo caprichoso, embrutecido y moldeado con propaganda y demagogia por unos dirigentes de baja estofa que han dado al pueblo pan justito y circo a raudales.

“Los políticos oclócratas, DEMÓCRATAS DEGENERADOS, fingen un interés genuino por la marcha del país cuando su finalidad real es mantener el poder personal o de su grupo oligárquico, apelando a emociones irracionales mediante estrategias demagógicas como la discriminación, el fanatismo y sentimientos nacionalistas exacerbados; el fomento de inquietudes irracionales; la creación de deseos injustificados o inalcanzables… Todo ello para ganar el apoyo popular y el control de la población. La apropiación de los medios de comunicación y de los medios de educación por parte de dichos sectores de poder son puntos clave para quienes buscan esta estructura de gobierno, a fin de utilizar la desinformación. Así se mantiene un dominio sobre las masas creando la ilusión de un poder legítimo constituido por la voluntad popular. Sin embargo, tal y como asegura Rousseau en El Contrato Social falta la piedra angular: ciudadanos conscientes de su situación y sus necesidades, con una voluntad formada en la pluralidad de ideas y decisiones que permitan ejercer su legitimación de forma plena. En la oclocracia la legitimidad otorgada al pueblo está corrompida por la demagogia política”.

Palabras de Wikipedia, pero parece que habla de nuestra democracia, esa que en tantos cartelitos anda por la calle con letra escarlata. Pero, ¿por qué le llaman Democracia cuando hablan de Oclocracia? Su hermana obtusa y degenerada que irremediablemente deviene en revolución de la turba, es decir, de gente turbada, confundida, desubicada. Platón advierte que sólo hay un paso de la oclocracia a la Tiranía, el peor régimen en la escala de gobierno: el del usurpador, (tyrannos-), el gobierno del despotismo y de la ignorancia, dominado por las pasiones de la parte más baja del alma, que termina en actos de crueldad y brutalidad. Robespierre y su “reino del terror” o Stalin y su paranoia bolchevique son tremendos ejemplares.

Stalin votándose a sí mismo… ¡Qué tierno!

En estos 25 siglos de civilización, cultura y mandatos no sólo hemos sido incapaces de establecer el mejor de los gobiernos, el de los sabios, sino que hemos caído en la bajeza del gobierno de los lerdos, de cretinos no diagnosticados, de demagogos de plumero en mano, de nuevos ricos por nepotismo y malversación, por inútiles intelectuales y políticamente malformados. Estamos en una Anoetocracia, el gobierno de los necios e insensatos(anoeto-), una conjura en toda regla contra la inteligencia, la ética y la justicia.
Nada puede hacerse ya porque los sabios, igual que muchas otras especies amenazadas, se están extinguiendo.

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2 comentarios en “Democracia, gobierno en modo “demo”

  1. Estamos en una Anoetocracia, el gobierno de los necios e insensatos(anoeto-), una conjura en toda regla contra la inteligencia, la ética y la justicia.

    No estoy muy de acuerdo con ese último párrafo… no creo que nos gobiernen los necios, o no sólo eso, sino que gobiernan para necios, ¿no? Que todos nos creemos muy únicos y especiales, pero al final somos borreguitos que soltamos la papeleta como quien apoya a un equipo de fútbol… Es decir, no digo que sean necios, que pueden serlo, es que se lo hemos puesto tan fácil que ni tan siquiera disimulan…

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    • Yo no voy a votar como una borrega, nunca lo fui y nunca lo seré. Quizá porque llevo leyendo desde los 7 años y el diccionsrio fue mi libro de cabecera en la infancia.
      Y para encontrar necios en el gobierno, sólo tienes que escuchar declaraciones de cualquier bando y te darás cuenta del nivel de estupidez que esgrimen. Doctorados cum laudem no hay en los estrados. Esos están en las empresas privadas. Y que los mejores trabajen sólo para su beneficio y creciemento es una desgracia social, económica y sin duda, política.

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