Childfree porque SÍ

Ya basta de demonizar social y personalmente a las mujeres que no queremos tener hijos. En mi caso fue una elección muy temprana motivada por una autoconocimiento profundo, ligado a una férrea coherencia personal. La felicidad no nace en el paritorio y la que crea que un hijo va a solucionar su infelicidad se equivoca de pelo a rabo: la autorrealización pasa por el cerebro, no por el útero.

No es más feliz el que procrea sino el que crea. El problema es que no todos pueden crear, en cambio casi todos pueden procrear incluso sin intervención del amor ni del humor (los bancos de semen no son de risa). Sin embargo, hay seres humanos que no tenemos ni pizca de interés por perpetuar nuestros genes, pero sí por alimentar y enaltecer nuestros talentos y dones naturales.
En mi caso, jamás entró un hijo en mis ecuaciones vitales. Nunca sentí que ser madre fuera conmigo en ningún aspecto, ni físico, ni mental, ni emocional. No necesito el amor incondicional de un hijo porque tengo el de mi pareja, el de mis amigos y el de mi familia que me ADORAN. Que me llamen mamá me la refanfinfla y la sola idea me da náuseas matinales. Aunque muchos amigos me han dicho que sería una madre estupenda, me conozco lo suficientemente bien para saber que eso no es verdad. Sería una madre muy cachonda, original, extravagante y única, pero no buena. Las nieblas y tinieblas que me rodean sofocarían a mi vástago como si metiera la cabeza por una grieta de Fukushima.
Un hijo me amargaría la vida hasta la tumba. Y ya bastante me la amargo yo para además tener el morro de proyectar mis insatisfacciones sobre cualquiera otro personaje que no sea los Rolling Stones.

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Además yo no viene al mundo diseñada psicológicamente para la maternidad: no tengo paciencia, no soporto los gritos ni las carreras por doquier rompiéndolo todo como un Little Terminator (empezando por los pezones y terminando por las pelotas); no tengo ningún interés en educar ni aleccionar a nadie ni nada, tenga 4 años o 44; las edades tempranas del hombre me ponen (y pusieron) los pelos de punta: la infancia me deprimió crónicamente y la adolescencia me hizo desear la muerte como un mal menor. No quiero volver a vivir esas experiencias en carne ajena, NI BORRACHA.

No son sólo handicaps mentales lo que me han motivado a no ser madre. Mi cuerpo tampoco ha querido. Sólo de pensar en tener un alien sapiens creciéndome en las tripas, que me raje el coño al salir, me produzca almorranas y me haga sangrar los pezones cual vaca lechera, me da pavor, horror, terror. Recuerdo un comentario que me hizo una excolega de trabajo embarazada de su tercer hijo cuando le pregunté con cierta sutileza cómo es que seguía procreando tan alegremente. Me respondió: “Mi cuerpo necesita estar embarazado”… No pude salir de mi asombro ni en aquel momento ni ahora recordándolo. ¿Qué cuerpo de mujer en su sano juicio puede sentir eso? La mujer y su cuerpo serrano son el alimento del alma masculina, la inspiración del hombre inteligente que aspira a la libertad gracias a nuestro amor. El problema es que muchas, demasiadas, excesivas mujeres usan su cuerpo para amarrar al macho haciéndole hijos no deseados, en lugar de amarle libre y libertinamente sin obligarle a ataduras posgenéticas.

Me da más miedo esta foto que Jack Nicholson con cuchillo de matarife

Me da más miedo esta foto que Jack Nicholson con cuchillo de matarife

Toda esta disertación personal viene porque leí un artículo en El País que trata sobre la no maternidad por elección , fenómeno en alza en las sociedades del primer mundo.
En inglés se ha acuñado un término que me encanta: childfree, libre de hijos, como libre de conservantes o pesticidas. Geniales los anglosajones inventando palabras que describen a la perfección el concepto. Hay otra etiqueta similar pero no idéntica: Childless, personas sin hijos aunque no voluntariamente. Para que no haya equívocos entre los que no quieren y los que no pueden procrear, se emplea “Childless by choice” (Sin hijos por elección). Busqué el concepto en la Wikipedia y encontré un artículo bastante extenso que incluye a San Agustín y los Cátaros que afirmaban que la procreación era un designio del diablo no de dios, pues la carne apresa el alma y traer hijos al mundo era hacer prisioneros espirituales. Interesante argumento, aunque desfasado y anacrónico.

Me apetece destacar algunos aspectos de esa entrada de la Wiki. Primero, las razones para no ser padre que son un montón por eso sólo voy a exponer las que me identifican:

– El desagrado o disgusto que producen los niños, su presencia y comportamiento.
– Los cambios que la presencia de niños produce en la vida cotidiana, las relaciones de pareja, familiares y de amistad.
– La falta de instinto maternal y/o paternal.
– No querer sacrificar tiempo para el cuidado y atención de los niños.
– Percepción o incapacidad real para ser un padre responsable y paciente.
– Mantener el mayor grado de libertad de elección personal.
– Mantener la posibilidad y capacidad de cambiar de estudios, ciudad de residencia, trabajo, etc. tanto a corto plazo como a largo plazo.
– El miedo y/o repulsión hacia el estado físico del embarazo, el miedo al parto y la recuperación posterior (tanto física como social). Hipocondría y pánico al embarazo y a las dolencias derivadas de él.
– Es un error traer un hijo al mundo si no es deseado, por lo que si no se desea no debe tenerse (y aunque se desee, hay que valer para ser padre).
– Se puede hacer una mayor y mejor contribución a la humanidad sin tener hijos.
– Muchas personas tienen hijos por razones equivocadas.
– Preocupación por la ecología, el medio ambiente y otros derivados de la superpoblación, la contaminación, el calentamiento global y la escasez de recursos naturales.

A esto último debo añadir una nota biográfica. Adoro a los gatos (a todos los animales, en realidad, pero a los gatos especialmente). Recientemente se han muerto mis dos gatos de largo recorrido a los que crié desde los dos meses de vida: Nano con 13 años y Farruca con 16. Desde esa visión antropocentrica-social de la que muchos hacen gala, llegué a recibir comentarios del tipo, “se han muerto tus hijos”, “para ti tus gatos eran tus hijos… como no tienes los tuyos”, etc. NO, NO, NO… Que nadie se equivoque. Mis gatos no son mis hijos. Son animales muy queridos con los que he adquirido el compromiso de por vida de cuidarlos, amarlos y protegerlos. Y como ser vivos y sensibles que son los respeto y admiro, pues en los tiempos que corren no hay ser más desvalido en el planeta que un animal, doméstico o salvaje. Y eso me desgarra el alma. Como cantaba James Brown, “This is a men’s world”: despiadado, brutal y depredador.

Otra cosa que me chirría hasta las trancas es que se asocie la no maternidad con el feminismo. Conozco feministas feroces que habrían vendido el alma al diablo por ser madres. Lo que me trae a huevo el tema del “orgullo genético”. Que digan que somos egoístas los que no queremos hijos me parece de una hipocresía patibularia. ¿Qué hay de esos padres que admiten sin sonrojarse “A mí no me gustan los niños. Sólo me gustan los míos”? ¡Hay que joderse! Lo que te gusta ERES tú, pedazo de narcisista. Personalmente, me importan muy poco mis genes: creo que un genio puede nacer del garrulo más impredecible y de los padres más “posh” salir un tonto del culo sin limpiar. La genética es una lotería y los padres les echan muchos huevos jugando a la ruleta rusa con el caprichoso e impredecible ADN.

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También me encantó descubrir que California es una abanderada en el movimiento de derechos para los Childfrees. Me encantaría vivir una temporada en San Francisco y hace poco le comentaba a mi marido lo maravilloso que sería estar en un condominio o edificio comunitario SÓLO para solteros y parejas sin hijos. Vivo actualmente en un edificio plagado de familias con niños menos de 7 años y es un infierno. Empiezan a gritar a las 8 a.m y siguen a garganta pelada hasta las 21h. Vivo en un patio de colegio y es insoportable. Y es que parece ser que los niños tienen que gritar, pegar y en definitiva ser unos maleducados consentidos y sin disciplina porque sino, se trauman. En fin, todo un tema que no va conmigo pero que tengo que sufrir a diario como daño colateral.

Hooligan el padre, hooligan el hijo... El ambiente define más que los genes

Hooligan el padre, hooligan el hijo… El ambiente define más que los genes

Sin embargo, soy la envidia de mi círculo social; no de mis amigos, que en su mayoría son Childfree como mi marido y yo, sino de los amigos y/o conocidos que se convierten en padres y a los que raramente vuelvo a frecuentar ni tratar. Para mí, han saltado a un esfera de aburrimiento social y emocional con la que ni haciendo esfuerzos consigo empatizar, ni lo intento. Además, noto que de una forma sutil y tangencial, mi libertad les molesta y ofende. En realidad no se dan cuenta de que ellos podrían fácilmente ser como yo. El condón y la píldora está tan a su alcance como al mío. Pero es verdad: nos separa un abismo. Es la brecha insalvable que abre quien es capaz de imponerse al determinismo social, familiar y económico. Porque los Childfree atentamos contra el sistema de pensiones por no aportarle más carne de cañón, pero como yo no la voy percibir ¡que se pudra el sistema! Soy una mujer libre y vivo la vida sin hijos porque los hijos no son mi vida.

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4 comentarios en “Childfree porque SÍ

  1. ¡Menudo manifiesto prodejadnosenpaz!.
    Ja, ja,ja. Parece que te han tocado los ovarios con tanta tontería.

    Tengo hijos, lo digo por adelantado, y ahora están en fase tocar las pelotas por edad adolescente.

    Conozco por lo menos a tres mujeres que no han tenido hijos conscientemente y reconozco que los ámbitos de libertad con los que se pueden mover son envidiables respecto a los que hemos procreado (en mi caso en diferido, pues fue mi mujer la que parió).
    Y debo decir que sí, hay envidia, sana pero envidia al fin y al cabo. Ninguna de las personas de las que hablo echan de menos infancias correteando a su alrededor, y todas han preferido tener sobrinos, queridos sobrinos, que van y vienen y no están permanentemente tocando las meninges.

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  2. En un país con más del 50% de paro juvenil y con el paro que tenemos aún tengo que escuchar gente diciendo que sin niños no hay futuro..

    No sé si has leído tenemos que hablar de kevin:

    Ahora bien, si no hay razón alguna para vivir sin hijos, ¿por qué habría de haberla para vivir con ellos? Responder a la angustia existencial que te plantea tu vida engendrando, simplemente, otra vida que le suceda, significa además de una cobardía, dejar a la generación que siga a la tuya la responsabilidad de encontrar la respuesta; hallarla en esas condiciones representa, pues, una tarea potencialmente infinita. Lo más probable es que la respuesta de tus hijos sea procrear, a su vez, para endilgar a su descendencia el problema de no encontrarle sentido a su vida.

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