¿Por qué, Undebé, no he nacido calé?

Señor, tú a mí no me quieres, porque sino me habrías hecho de piel canela y no de arena blanca. Sin arte ni parte y partiéndome el espinazo intento ser flamenca, pero ni tengo Gràcia de Dios ni simpatía pá los hombres. Y es que me falta raza y me falta olé

No siento los pies de tanto planta-tacón-golpe-planta, pero poco me importa si dejo una impronta. Pero después de 15 años machacándome el espinazo, el duende me huye como vampiro de la luz. Mi amor por el flamenco no es correspondido, como un amante casquivano que por mucho que le dé siempre me deja por otra más guapa, más joven y más graciosa que baila sin sudar ni gota.

Esa Yerbabuena, que cura todos los males con solo mirarla

Esa Yerbabuena, que cura todos los males con solo mirarla

Pero para mí el flamenco es sudor, sangre y lágrimas. Sudor pa’ bailarlo, sangre pa’ sentirlo y lágrimas pa’ cantarlo. Me produce una profunda conmoción en las vísceras de las que brotan a la vez hormonas, proteínas y toxinas. Es una catarsis peculiar que, a través de su compás de mantra, induce al paroxismo dejando la mente como un lienzo y el alma como un Pantone.

El flamenco es brujería y Gades uno de sus grandes brujos

El flamenco es brujería y Gades uno de sus grandes brujos

Y es que el flamenco tienen el poder de convocar las fuerzas de la naturaleza y unir en un solo cuerpo a todos sus contrarios. Entonces el bailaor es como un profeta de Dios entre los hombres. Cuando se pone en danza, conjuga el ying y el yang, vence a la sombra y llama la luz, ejerce el bien y frena el mal, domina el cielo y nutre la tierra. Un bailaor-bailaora de los grandes, de los elegidos, detiene la sangre y congelan el tiempo ejecutando un ritual atávico que los gitanos traen en sus genes forjados en la India, almas viejas y pieles curtidas en el polvo de los caminos.

Manos llenas de olé, en la India o en Lebrija...

Manos llenas de olé, en la India o en Lebrija…

Al ejecutar esta danza, el bailaor se convierte en un gurú, un medium capaz de canalizar a través de su cuerpo todas las fuerzas del universo en un armonioso movimiento. Y al bailar hace su conjuro: de cintura para abajo con la fuerza de los pies clava los taconeos en el suelo y a patá limpia mantiene al diablo bajo tierra, a raya en el inframundo para que no salga y nos destruya. De cintura para arriba con los brazos extendidos, el bailaor busca a Dios. Con la fuerza de sus dedos envía al aire un relámpago de energía donde dibuja una plegaria visible un instante y se evapora. Los que son capaces de verla lo llaman Duende.

Farruquito, un extraterrestre caído del cielo caló

Farruquito, un extraterrestre caído del cielo caló

El duende es un detonador que despierta la conciencia colectiva con palmas, jaleos y jipíos. Por desgracia no todos pueden oírlo, como un silbato para perros. El flamenco emite en una frecuencia primitiva y reptiliana que va directo a las entrañas y sólo reciben el mensaje quienes llevan el alma al aire, a pecho descubierto. Esta comunicación con la esencia íntima del ser total convierte al flamenco en un arte, un arte gigantesco, universal que igual siente un australiano que un sevillano, con koalas o con guasas.

Esa Manuela Carrasco, es Lady Halcón desde la cabeza al tacón

Esa Manuela Carrasco, es Lady Halcón desde la cabeza al tacón

Por eso “quién al flamenco le llame flamenkito de flamenco sabe pokito”. Este es un Arte a parte, no por ser patrimonio inmaterial de la humanidad, sino precisamente por lo contrario: por ser patrimonio exclusivo de los gitanos que lo interpretan con la misma soltura que un actor británico declama a Shakespeare. El flamenco es suyo por derecho, tradición y cultura, pero nos lo han cedido a los payos para que se lo cuidemos, le demos de comer y lo hagamos crecer. ¡GRACIAS, GRACIAS Y MIL VECES, GRACIAS!

Caminante, aquí no hay arte: el arte se hace al bailar

Caminante, aquí no hay arte: el arte se hace al bailar

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2 comentarios en “¿Por qué, Undebé, no he nacido calé?

  1. ¡Ole con ole y ole! Qué increíble. Compartimos las mismas penas y los misma pasión – veneración. Malaya mi condición que soy un latinoamericano, que por ascendencia genética general, obviamente tengo sangre española, pero muy panameño. El flamenco es la única magia que nuestros cuerpos son capaces de percibir.

    Ya sé que somos muchos los que nos lamentamos ante Undebé.

    Un abrazo.

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