“Tu estilo a juicio” tiene delito

Por un cambio de imagen GRATIS, ma-to: te ponen dientes nuevos, te quitan arrugas, te dejan el pelo hecho una seda y te renuevan el vestuario. Si para eso hay que parecer una enferma de Diógenes, una reliquia de los 80 o una lumpen girl sometida a una humillación televisiva sin precedentes, más caro sale un Máster y aquí te ponen los dientes largos con carillas por la patilla.

Como decimos los gallegos, Na miña vida cho vin. Hace ya mucho tiempo que me apetecía escribir sobre este programa que ponen en Divinity (que debería llamarse Devility). Me parece una versión malvada del patito feo que aunque se vista de seda, pato de queda. Y es que las acusadas lo tienen más crudo que un magret poco hecho. La mayoría son unas desatusadas señoras de mediana edad a las que se les paró el reloj en un polvoriento bar de carretera de la América profunda. Victimas del homicida ultracapitalismo, estas mujeres son la esencia del lumpen Far West, cansadas de malvivir en cualquier suburbio metropolitano con una pinta de cerveza en la mano y un bate de baseball en la otra.

Yo, soy un adefesio porque el mundo me ha hecho así...

Yo, soy un adefesio porque el mundo me ha hecho así…

El programa ya arranca con mentiras. La cordera protagonista espera en una sala a ser llamada para el casting aunque en realidad ya es la elegida, así que la meten en una habitación donde la espera el presentador y un jurado oculto tras un espejo de dos caras. Estos nueve individuos, todos ellos actores de medio pelo y figurantes, destrozan sin piedad a las desamparadas interfectas por exigencias del guión (a algunos hasta se les ve el pinganillo).
Y no es para menos: estas cuarentonas visten como putones de barra americana embutiendo sus 100 kilos de carnes blandas en tallas de quinceañeras, con la ilusión de parecerse a Barbie Malibú. Para pasmo general, están encantadas con su imagen, currada durante años bajo bombillas de bajo consumo que dan como resultado looks de lo más esperpéntico.

Desde la caricatura menopáusica de una princesa Disney alimentada con naftalina…

Stylo miss daisy

a un clown (que no clon) de Cyndi Lauper

cindy lauper

… sin olvidar a la empleada del mes de algún taller de Harley-Davidson de Milwaukee.

rockera trasnochada

Casos perdidos que han olvidado para qué sirve un peine o un cepillo de dientes. Si fueran caballos al abrir la boca las mandarían de cabeza al matadero. Los dentistas expertos del programa hacen esfuerzos para no revelar su desagrado antes unas piñatas que, abandonadas al alcohol, tabaco y halitosis, se han quedado amarillentas o parduzcas, padecen sarro, gingivitis y han perdido piezas en sus combates con la vida. Una concursanta incluso había llegado a pegarse ella misma un colmillo con pegamento…

Qué mona es mi mujer que me ha puesto unos dientes postizos relucientes

Qué mona es mi mujer y que me ha regalado unos dientes postizos relucientes

Pero no nos ríamos tanto porque de aquí a nada las españolas también nos pegaremos los dientes con argamasa. Estos remedios tan cutres son la consecuencia de un sistema socioeconómico que ha privatizado absolutamente todo (salud, educación, prestaciones laborales…) y hasta para quitarte un espinilla tienes que pagar un seguro médico prohibitivo y restrictivo. La que tiene dinero lo paga, y la que no, va a este programa. Porque no sólo los dentistas les regalan una sonrisa de cine con tratamientos carísimos de láser y carillas de porcelanas (fundas de las buenas); a las cortas de vista les operan las dioptrías, a las que tienen piel de lagarto o más arrugas que un pantalón de lino, les meten botox, peeling químico, les ponen labios salchicheros y les quitan la papada para echársela al cocido.

No era papada, era un pliegue de la ropa...

No era papada, era un pliegue de la ropa…

Si superan con vida esa fase, llega el experto en moda: un personal shopper, más mentiroso que Pinocho que al ver los armarios de las acusadas, llenos de purrela hortera, lo flipa y se las lleva de compras para vestirlas con botas de chúpamela punta, faldas monjiles de oficinista anodina o las emperifolla con cinturones de fantasía, vestidos de vuelo y una bisutería hiperalegénica de fiesta de barrio ordinario. Aunque los resultados son para llorar, el tal David repite sonriente y positivo la misma cantinela: súper sexy, bla, bla, bla, resalta sus curvas, bla, bla, bla, le levanta el trasero, bla, bla, bla, pero con clase… A clase de gimnasia habría que mandarlas.

Tú tápate la cara y que se vea solo la ropa, ¿vale, maja?

Tú tápate la cara y que se vea solo la ropa, ¿vale, maja?

Luego vienen los peluqueros a darles pa’l pelo: o Francesco, con dientes de rastrillo, o Johnny Capello calvo como una bola de billar… Hay que joderse. De todos modos, son dignos de elogio pues hacen milagros en corte y tinte con unos pelos que no han visto un acondicionador, baño de color o champú en lustros. Una estaba casi calva, la mayoría tiene el pelo tan estropajoso que da dentera cogerlo y otras lloran porque se lo cortan, cuando lo que habría que cortarles es la cabeza. Remata la faena el maquillador, que va más maquillado y depilado que ellas, pero las deja monísimas y muy televisivas.

Sombra aquí, sombra allá... Uy, pero si es mi bigote. ¡¡Soy un tío!!

Sombra aquí, sombra allá… Uy, pero si es mi bigote. ¡¡Soy un tío!!

Emperifolladas para el juicio final, se enfrentan a un nuevo jurado que les dicen maravillas de sus dientes relucientes, su pelo limpio y su ropa nueva. Es decir, les dan jabón a los expertos, que para eso les pagan. Luego aparece un familiar que la abraza por lo guapa que está (antes ni se acercaba), momento lágrima y hasta la próxima.

Soy otra, no hay más que verme

Soy otra, no hay más que verme

Estoy deseando que importen este formato a España, porque cualquier día de estos me quitan el médico del Seguro y no podré ni automedicarme. Aunque Tu estilo a juicio humille públicamente y despelote por dentro y por fuera, el remoce de fachada vale oro. Por concursar, soy capaz de mudarme a Canadá.

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11 comentarios en ““Tu estilo a juicio” tiene delito

  1. Excelente, Isabel. Colosal. Como dice Rutger Hauer en “Blade Runner”, “he visto cosas que vosotros jamás creeríais”. Pos eso! Un abrazo bien fuerte.

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    • Cinturones apretando barrigones de Oregón… Pendientes de chatarras adornando melenas cardadas y requemadas… Todo eso se perderá entre los rayos catódicos como kilos diluidos por pastillas XLS…

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  2. Me he reído mucho con tu análisis.

    He visto este programa casi cada día en mi exilio valenciano del pasado octubre y tienes toda la razón. Además, te has fijado que en el primer jurado, siempre hay unos que dicen: “Se esconde detrás de…” y “Se le ve muy triste” (jurados de gente normal como “Screech” que salió un día).

    Además, todo lo que les hacen es efímero salvo las dentaduras y esos dentistas tan sonrientes no me inspiran ninguna confianza.

    ¡Qué gran programa!

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  3. Sospecho que este lleva camino de ser el post más leído del 2013 🙂

    Me gusta como lo has contado, pero más la reflexión sobre el sistema de salud o el educativo. Nadie llega a ciertos niveles por gusto, deben ser empujados por un sistema que cada vez cuenta menos con ellos.

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  4. Pingback: "Tu estilo a juicio" tiene delito

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