Crítica de cine: “Drive”, rubio al volante peligro constante

Una peli con un rubiales conduciendo un coche tuneado, una vecinita indefensa con niñito dulce y unos malos malosos, promete. Si además hay accidentes aparatosos, asesinatos atroces y robos adrenalínicos, éxito de taquilla. Pero, ojo, porque quizá este coche no va sobre ruedas…

Las persecuciones son puro cine de acción: cochazos a toda pastilla saltándose los semáforos y conducidos por buenorros que nunca te cruzarías por la calle, capaces de salvar a la chica con una mano y rematar al malote con la otra. Ese papelón le va a este actor como un guante al volante. Ryan Gosling es un chavalote que, aunque hizo sus pinitos en la factoría Walt Disney, se ha pasado al lado “Wild Disney” de la fuerza bruta en esta película, con escenas de violencia desproporcionada difíciles de justificar y de dudosa credibilidad. Puede que la culpa de este tipo de argumentos salidos de madre sea de Tarantino, quien organizando matanzas es un dios salvaje al que le rezan los recién licenciados en cine mientras el mundo entero ríe con él.

Mira lo que me ha puesto en la pierna Tarantino. ¡Me meo toa de lao como una perra!

Puede que esta historia huela a Oscars, pero a mí me huele a chamusquina y goma quemada. Y como no estoy para dar trompos con mis escasos euros, prefiero que me cuenten la película a que cuenten mi dinero en taquilla. Para eso está mi amiga Anna, que como tiene trabajo a media jornada puede ir al cine dos veces al mes y contarme lo que ve. Ahí va una crítica de oído al más puro estilo “así me lo contaron”.

¡¡SPOILERS A PIÑÓN!!
No sigas leyendo si no quieres que te destripemos (literalmente) la película, que arranca mejor que un Ferrari. El rubiales espera al volante de un coche a que dos ladrones con pasamontañas atraquen un almacén; mientras, escucha la frecuencia de la policía por un walkie y un partido de baseball por la radio. Al subir los ladrones al coche, se monta una persecución de tira y afloja por las calles de L.A. de noche dando esquinazo a la policía por tierra y aire. Cuando parece que casi los tienen, el guaperas mete el coche en el parking de un estadio de baseball justo cuando acaba el partido, y sale con una gorra camuflado entre el público.

– Guapo y listo. Me gusta.
– Y silencioso como un autista. El pivón perfecto, si no fuera por el palillo en la boca y la chupa brillante con un escorpión amarillo, que no se quita ni para dormir.
– Nadie es perfecto, aunque este lo parece.
– Tiene un don con los coches, por eso no sólo conduce para ladrones, es especialista de cine.
– Halaaa, venga ya, a lo Death proof pero en joven y sobradamente dotado.

Yo también estoy superdotado, pregúntale a Goldie: fui yo quien la dejé rubia.

– También trabaja en un taller mecánico. Su jefe es el típico bocazas buena persona que tiene un mecenas de la mafia al que convence para financiarle carreras amateur.
– Entonces tenemos a un mafioso, un conductor superdotado y un mecánico que lo apadrina, ¿no hay chica de la película?
– La vecinita rubia y encantadora, madre de un niño morenazo que se llama Benicio…
– ¡¡No me jodas!! Benicio del torito guapo, hijo de un latino traficante de coca.
– De un ladrón de poca monta que está en la cárcel.
– Al menos el rubio tiene terreno libre para cepillarse a la madre.
– Ojalá, pero sólo se la lleva de paseo en coche por sitios de lo más cutre.
– ¿A un desguace?
– ¡Peor! Van a tirar piedras a un riachuelo contaminadísimo al lado de donde hacían las carreras de Grease
– ¡Qué casualidad! Travolta también era mecánico y conducía de muerte…
– Pero la música era más divertida: aquí está más edulcorada que en una rave de azúcar glas.

Yo no llevo palillo, llevo un pitillo. Y mi chupa es de borrego auténtico, ¡borrego!

– ¿Y cuál es la historia? ¿Mueren todos de aburrimiento en el coche?
– El marido de la vecinita sale de la cárcel, pero le debe pasta a unos macarras que le pegan una paliza delante del niño Benicio, al que acojonan dándole una bala para que la guarde como aviso para su padre.
– Y el rubito se mete en el fregao, rollo caballero rampante.
– Tal cual. Le hace de conductor al padre y a su gancho, la pelirroja de Mad Men -no veas que papelón-, para atracar una tienda de empeños en medio de la carretera.
– Y acaba como el rosario de la Aurora.
– Pues sí. El tipo de la tienda acribilla al padre antes de que llegue al coche. La pelirroja coge la bolsa con la pasta y salen follados…
– No me digas más. Carretera, polvo y polvazo.
– Polvazo, ni olerlo. Les persiguen los que contrataron al marido muerto en un coche con cristales ahumados, aunque les dan esquinazo y se esconden en un motel.
– Y polvazo…
– Ná de ná. La pelirroja avisa a sus jefes y cuando el rubito lo descubre ya es tarde: a ella le vuelan la cabeza en el baño y él se los carga con la barra de la cortina de la ducha.
– Tomaaaaa, pedazo de superhéroe americano que mata a mano.

De secretaria explosiva a explotada golfilla. Antes muerta que sencilla...

– Y se complica la cosa. El mafioso que mató al marido es socio del mafioso que le financia las carreras al mecánico.
– Mejor malo conocido que malo por conocer. Así todo queda en casa.
– En el ascensor de casa, para ser exactos. No veas qué escena sado-romántica en el “elevator” entre mafioso con pistola, rubito y vecinita. Rubio ve pistola, aparta suavemente a vecinita a la que mete un morreo de 29 segundos a cámara lenta. Acto seguido le revienta la cabeza al mafioso a taconazo limpio.
– Pero, ¿qué coño hacía el mafioso mientras ellos se besaban? ¿Las uñas, una paja, limpiar la pistola?
– Se supone que no le dio tiempo a desenfundar.
– ¡¡Vaya matón más matao!!

Es que ya nadie hace mafiosos como los de Martin Scorsese: sádicos, elegantes y con un código de mala conducta impecable. Estos son una mafia de pega. Según me dijo Anna, el más peligroso es el actor feo y jorobado de “El nombre de la rosa”, que mete miedo al verlo. Tiene un restaurante italiano a las afueras, que debería ser un búnker inexpugnable de gánsters, pero el rubito llega hasta la misma puerta sin que nadie le metan un tiro en toda la calva.

– ¿Cómo que en la calva? ¿Ya le han dado pal pelo al tío bueno?
– Otra escena para enmarcar: se pone una máscara que roba del camerino de los especialistas y pega las narices en la puerta de la pizzería, mientras dentro están todos a su bola.
– A ver si era la máscara de El hombre invisible
– Momentazo con iluminación celestial y música tecno de “soy un tío guay”.
– ¡Es un Hare Krishna exterminador!… Hare, hare, bang, bang…

No soy calvo ni mudo, pero te puedo hacer un calvo sin mediar palabra

– No lleva pistola, mata a lo bestia. Al mafioso feo, lo saca de la carretera con el coche y luego lo ahoga en el mar.
– Qué salado. Pero le queda el otro socio, el mecenas de las carreras…
– Ese mata al mecánico de un tajazo en el brazo y lo deja desangrándose en el garaje. El rubio lo encuentra, coge el dinero y queda con el mafioso para comer…
– No me lo digas: en un italiano.
– En un chino…
– Lleno de primos napolitanos en plan guardia pretoriana que acribillan al rubito con los palillos.
– Para nada. Están los dos solos y acaban apuñalándose mutuamente en el parking del restaurante a plena luz del día…
– ¡Venga ya! ¿Dónde se ha visto a un mafioso italiano sin familia de matones? Nadie queda solo con un tipejo que se ha cargado a la mitad de tu banda… ¡Absurdo!
– Y no te lo pierdas: el rubito deja la pasta al lado del cadáver y se va en el coche herido de muerte con la cazadora hecha un trapo.
– Sin chica, sin dinero y palmando. ¡Un pringao!
– Y así acaba: conduciendo de noche y fin.
– Pues tía, que dicen que es la mejor película del año.
– La gente es muy generosa…

Con mi chupa de Scorpions no te metas, que te meto con el Sting.

Los héroes americanos ya no son lo que eran. Eso de no cambiarse de ropa en todo el día (como han quitado todas las cabinas de teléfono, ahora es más complicado), mordisquear palillos de dientes que dejas detrás de la oreja y matar a patada sucia al personal resta muchos puntos. Ya lo decía Tina Turner y con razón: “We don’t need another hero” sobre todo si es un héroe de chichinabo, por mucho que su nabo sea polvo de estrella de Hollywood. No es suficiente con un pedazo de hombre para salvar una película, y menos para salvar al mundo. Para eso están los héroes inmortales, aunque he oído que esa es otra película.

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4 comentarios en “Crítica de cine: “Drive”, rubio al volante peligro constante

  1. confirmado: las películas las hacen con un sistema informático automático. Enchufas los parámetros básicos por un lado y te sale un flim por el otro..

    los guionistas buenos parecen haberse refugiado en las series, ¿no?

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  2. No se… Tengo la impresión de que la industria del cine, salvo honrosas excepciones, ha dejado de innovar. Tira de clásicos, secuelas y precuelas, estereotipos, perfiles más que explotados.

    No me seduce. Menos aún después de leer tu crítica jeje.

    Un saludo.

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