Crítica de cine: “Un método peligroso”, de locos

A priori una peli con Viggo Mortensen haciendo de Freud madurito, Keira Knightley de señorita “belle époque” y un joven Jung de enormes ojos azules, promete. Pero hay que oírla para no verla, pues con una crítica de oído te ahorras unos cuantos cuartos.

Y mira que el maridaje “Mortenssen-Cronenberg” ha dado jugosos frutos. En Promesas del Este, Viggo se sale con todo su vigor y en Una historia de violencia, el polvazo en la escalera da un cierto lumbago pero está tan bien lubricado que no hay dolor. Si a estos dos se les suma el guionista Christopher Hampton, experto en adaptar obras de teatro al cine como la maravilla que hizo con el texto original de Las amistades peligrosas (novelón epistolar, todo un fajo de cartas rococó), el éxito debería estar más que garantizado.

Yo sí que tengo peligro, y no ese tal Freud...

Pero yo piqué y pagué el pato laqueado con esta película histérico-modernista salpicada de gritos y teorías de psicoanálisis que no acabé de entender. Quizá soy una corta mental pero me dejó más bien fría esa especie de triángulo amoroso inexistente entre “médico joven-paciente impaciente-médico viejo” que no se coge por ningún lado. Así se lo conté a mi amiga Anna para quitarle las ganas de verla…

¡¡CUIDADO… ENTRAN LOS SPOILERS RODANDO!!

Menos gritos, Milagritos, que estoy de los nervios

– Lo primero que ves es a Kiera pegada al cristal de un carruaje gritando como una endemoniada en medio de una paisaje a lo Heidi.
– ¿Dónde la llevan, a casa del abuelito?
– A una casa de reposo dejada de la mano de Dios. Allí la sedan, le ponen un primoroso vestidito blanco y tiene su primera sesión con su psiquiatra, Carl Jung de joven.
– Al menos el psiquiatra era bueno.
– Y un bellezón de hombre que se topa con esta joven rusa, judía y burguesa que está como una maraca.
– Kiera haciendo de loca tiene que estar…
– Para matarla. Se saca de la manga de encaje una colección de tics nerviosos que si la viera Stanislavsky le da con su método en toda la cara.
– Ay, qué risa. La Natalie Portman de pacotilla esa, con sus labios de Martini.
– Y parece que se haya bebido 15. Actúa como un híbrido del cucú de Jack Nicholson con can-can y del paralítico cerebral de Robert de Niro en Despertares, pero como si le estuvieran metiendo un paraguas abierto por el culo.

Ayyyy, quítameloooo, quítame el paraguas de ahíii

– Ja, ja, ja, pero no me digas que Viggo también está mal, que me rompes.
– Ay, veo Vigo, veo Cangas, también veo Redondela… Le han puesto lentillas para oscurecerle los ojos a lo Freud y sin sus ojos azules no es nadie.
– Y además nariz de patata, qué faena.

Con lo guapo que yo estaba de Aragorn y me meto en este tostón

– Yo no sé cómo sería Freud, aparte de obseso sexual, pero aquí lo dejan como un pequeño burgués cargado de hijos, envidioso del éxito ajeno y un engreído insufrible que le retiró la palabra al pobre de Jung, que era su discípulo más aventajado.
– El síndrome del maestro superado por el alumno.
– En todos los sentidos: Jung se forró por su braguetazo con una rubia guapísima de moño, que le adora y le regala una casa con jardín, un barquito velero e hijos sanos.
– Anda, que era tonto Jung.
– Y vidente de ruidos. Predice cuándo van a sonar las tuberías de la calefacción. Lo hizo en casa de Freud, que se le quedó mirando como si fuera la bruja Lola contando cuentos a chinos.
– ¿Y eso?
– Freud despreciaba lo sobrenatural. Lo que quiere es que Jung aplique a la rusa sus métodos de psicoanálisis.

Déjate de té y ponte con los cables de tu Electra.

– ¿Y la cura de su locura?
– Parece que sí. Aunque con el método alternativo del cepillo… Tú te curas, si yo te cepillo. Literalmente: ella tiene un orgasmo solo con ver a Jung sacudiéndole el polvo a su abrigo.
– ¿El polvo a su abrigo? Eso habría que analizarlo…
– La chiquilla tiene un trauma de infancia. Su padre la molía a palos pero ella mojaba las polainas de gusto en su cuarto oscuro.
– Y ahora viene Carl y le mete.
– Y somete: la desvirga entre somanta y somanta zurrándole la badana con el cinturón, mientras ella a cuatro patas se mira en el espejo, toda cachonda de sí misma. Se supone que es una escena super-morbosa pero a mí me pone más la doma andaluza.

Soy sexy de pura sangre. Por mis venas sólo corre Chanel nº 5.

– Y la mujer de Jung con unos cuernos que le salen por el moño…
– Pero consigue que Jung deje a la loca sin despeinarse, como toda una señora.
– Para desmelenada ya está la otra…
– Uff, no veas. Se va a ver a Jung y le mete un sajazo en toda la cara con un abrecartas y por despecho le escribe a Freud contándole todo el lío.
– Ya veo a Freud frotándose las manos.
– Más bien lavándoselas. Pasa olímpicamente del tema, aunque le deja caer a Jung que lo sabe todo mientras pasean en barquito por el lago.
– Qué romántico. Tendrían que haber hecho un trío.
– ¡Seguro! Para mí que Freud lo que quería era meterle todo el Ello por el Superego a Jung.
– Habría sido mucho más interesante.
– Ya te digo. Viendo esta peli tienes la sensación de que los primeros psicoanalistas se metieron en esto para follar. También sale Vincent Cassel como otro alumno neurótico de Freud, que sólo piensa en pasarse por la piedra filosofal a todas las pacientes que le caen cerca.
– Entonces está claro: el peligro del método es que te den por todos lados con el psicoanálisis.
– De la zona anal a la oral, y mirando a Murcia…

Soy psicoanalista, así que ya sabes: bájate las bragas

Con tanta perversión, terminaron todos para el arrastre: Cassel muerto de hambre en París, Kiera fusilada en una sinagoga por los nazis, Freud -de tanto fumar puros- murió de cáncer en Londres y aunque Jung les sobrevivió a todos, tuvo unas premoniciones apocalípticas de la 1ª Guerra Mundial que lo dejaron medio lelo. Y colorín, colorado, este método se ha acabado.

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5 comentarios en “Crítica de cine: “Un método peligroso”, de locos

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