¡Mamá, quiero ser artista…contemporánea!

Navegando por la red en busca de inspiración, me topé con el arte contemporáneo. Me fascinó por su carácter democrático y popular, donde el talento artístico parece ser secundario y basta con vender caras algunas pajas mentales haciéndolas pasar por ideas subversivas e inquietantes… mi especialidad.

El arte actual es como el culo de un elefante: por ahí entra de todo y sale bastante mierda. Desde garabatos de niños colgados en certámenes de prestigio, latas con excrementos del propio artista que con toda su cara consigue colar en museos internacionales o el experimento de un sádico que confunde arte con crueldad matando de inanición a un animal.
Negada y cegada de nacimiento para el dibujo (pinto igual ahora que a los ocho años), considero que las artes plásticas son para personas con talento natural y cirujanos con buen pulso, así que yo me decanté por el arte conceptual. En concreto por las performances, manifestaciones artísticas de gran éxito en el underground de los 60′ que ensalzó a Yoko Ono a la inexplicable categoría de hierática embajadora y musa hippie.

No estoy en la cama por una performance, es que estoy de regla. Anda, móntate aquí y pedalea...

Me sentí inmediatamente seducida e identificada con esta tendencia posmoderna y dándole vueltas al tarro acabé con una migraña galopante, aquejada por el síndrome menstrual. Tras inhalar accidentalmente ingentes cantidades de celulosa, se me juntó el hambre con las ganas de comer y una idea perturbadora y algo guarrona brotó de mi cabeza como una hemorragia nasal: la “performance menstrual”, un montaje visual metafórico -cuando no metonímico- para recordarle al mundo que ser mujer puede ser una mierda. Dudo que haya alguien a quien le guste cargar con unas tetas que amenazan con explotar como balones de silicona en vuelo transcontinental, con una barriga que se hincha como la de un panda y que solo entra en las bragas más raídas del cajón, o padecer un estreñimiento ocasional que te impida cagarte en la madre de la naturaleza, que seguro es huérfana.

Me explotaron las tetas en la menopausia, pero ya ni me acuerdo gracias al Photoshop. ¡Qué gran tienda de fotos!

Para integrar al público en esta experiencia artística, pensé actividades que combinaran en idénticas proporciones arte, deporte y marchas forzadas. Como la “Yintanga”, una yincana de tangas que ganaría el primero en encontrar una cantidad razonable de estas prendas diseminadas por las esquinas más oscuras de la ciudad. Mi intención era simple: convertir la urbe en una sala de exhibiciones sin inhibiciones, utilizando descaradamente el mobiliario urbano como un excusado donde contar el drama mensual de las mujeres, la puñetera regla y sus sangrantes consecuencias.

Me he colado en el baño donde ovula Hello Kitty y micciona la Pantera Rosa... Qué pocholada

Por ello, era imperativo el uso de metáforas de mal gusto que disgustaran al público dejándoles un regusto a hematíes. Para lograr estos retortijones desde la boca a los riñones, colgaría de los árboles tampones rojos envueltos en folios reciclados en los que se podría leer “Sauce sangrón”. Y mientras los transeúntes contemplaran embobados esta animista instalación, serían atacados por compresas con alas teledirigidas ejecutando una higiénica coreografía de El vuelo del moscardón emitido con un inalámbrico sistema envolvente 7.4.

Ehhh no laaa gayyy, que yo no soyyy un vuelo gayyy

Si con estas iniciativas no consigo arrancar el aplauso del respetable, me sacaré de la manga dos armas secretas que tiran más que dos carretas: haré una colecta de sujetadores de diversas tallas, colores y telas entre mis amigas, conocidas y -por qué no, enemigas- que usaría para ataviar femeninamente semáforos y señales y así parar el tráfico de cuajo. A esta instalación la llamaré “Cruzado mágico”.

Yo soy un mago de los cruces, de los cruces de cables...

Me sentía como la lechera del cuento y como ella, el sueño se evaporó al estamparse el cántaro en el suelo: ¿De dónde iba a sacar pasta para comprar tantísimos artículos de higiene íntima y atrezzo vario? O me los prestaba Playtex, Evax y Tinanlux o ya podría ir cambiando esta iniciativa del “marketing de guarrilla” por el telemarketing casero.

Si esto no es un bote de esmalte, es que soy tonta del bote y de remate

En resumidas y consumidas cuentas, si la mierda enlatada simboliza la sinrazón de la sociedad de consumo; el alambre mal enrollado, la opresión del hombre moderno, y cuatro rayas en un lienzo, el infinito y más allá, mi performance menstrual es el último grito de la regla y un “viva la menopausia”. Pero sin recursos materiales me quedo descompuesta, sin Tampax ni condón.

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4 comentarios en “¡Mamá, quiero ser artista…contemporánea!

  1. Esto si que es arte. ¡¡Me encanta! qué puedo decir: cerebro privilegiado y a muy poca gente le gusta que le digan en la cara lo chorras que son y con lo que claudican 😀 Muaaa

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  2. Hola,

    escribís de una manera muy agradable, y estéticamente también es muy lindo. Estamos impactados con las etiquetas que se iluminan al pasar el cursor, geniales! no las habíamos visto nunca.

    Te comentaremos en la Blogoteca.
    Un saludo cordial!

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