Crítica de tele: Águila roja debería ser Águila chocha

El zapping es para profesionales y yo soy una aficionada. Me entretuve viendo series de la Fox, ABC y HBO y al final me perdí la joya de la corona española: Águila roja. Sin embargo, nunca es tarde si la pluma es barroca y al ver un anuncio de la serie me entraron unas ganas locas de que me pusieran la oreja roja contándome este culebrón de oro y hacer lo que más me gusta: una crítica de oído.

Normalmente, hago oídos sordos a las series españolas. Será por americanismo o qué sé yo, pero prefiero un Mad Men (¡¡ay oma, qué rico!!!) a un Buenagente y las escuchas de The Wire a los cuentos de Cuéntame. Sin embargo, por culpa de estos perjuicios antipatrióticos me he perdido una pieza ecléctica y única de las series históricas nacionales.
Según he podido deducir después de varios mensajes con amigos del Facebook y un desayuno con Ori (ex-compi de curro), “Águila roja” combina perfectamente las novelas de capa y espada con las pelis de ninjas, los enredos palaciegos con los líos de faldas y guardainfantes, los temas sociales de más rabiosa actualidad con las miserias de la sociedad barroca de Las Españas nuestras. Todo ello salpimentado con hitos y personajes históricos del siglo XVI descontextualizados por exigencias del guión.

¡Ay, qué niña más bonita! Si me la diera su madre se la llevaba al Khan... Va, se la llevo igual que para eso soy mongol!!

Pero funciona, tiene chispa, acción y entretiene más que un entremés de Cervantes o un guacamole con nachos.

¡¡CUIDADO, que aquí vienen los SPOILERS!!

Y es que la trama es más enrevesada que un culebrón venezolano de terratenientes ecuestres con derecho de pernada. De hecho sólo con la historia personal del protagonista, el tal Águila roja, hay miga como para hacer sopas de ajo todo un año.
De nombre real Gonzalo de Montalvo, este maestro de escuela viudo (unos desalmados han asesinado a su mujer en un callejón oscuro) vive con su cuñada (la hermana de su mujer, a la que no se folla por principios pero con la que le encantaría llegar hasta el final), su hijo pre-adolescente y su escudero Sátur, un bufonero mezcla de Sancho Panza y “hombre de Paco” que cae simpático a todo el mundo.

Señor, ¿qué hago con estos harapos? Me los han dado en vestuario y ahora no sé dónde meterlos

Gonzalo tiene una doble vida: de día es maestro y de noche clara es Águila roja, un ninja vengador y justiciero en busca de los asesinos de su mujer, que no son otros que la policía capitaneada por su hermano mayor, Hernán, pero él no sabe que es su hermano.

-¿Cómo, cómo es eso? ¿Los separaron al nacer rollo “Tú a Bostón, yo a California”?
– Es una cosa rara (me dice Ori), porque Águila tiene recuerdos de infancia en una casa noble con padres ricos, pero de pronto no se sabe por qué se lo llevan a vivir con un franciscano.
– Y a su hermano con una franciscana, por lo faldero… ¿No está liado con la Marquesa, la viuda de Santillana, esa del lunar?
– Sí, está medio enamorado de la Marquesa, que en realidad era una doncella y madre de su hijo Nuño, que es un bastardo del marqués.
– Joer, con tanto cuerno, se tendría que llamar “Ciervo rojo”. ¿Y por qué el Comisario no se casa con la marquesa viuda?
– Es un putón que se tira al rey de España, al de Francia, al Cardenal… menos al Águila, a todo Dios. Y además, él se acaba de casar con su hermana.
– ¿Con la hermana de la marquesa?
– No, con su hermana de él, Irene.
– ¡¡Incesto!! Como en Juego de tronos… Qué maravilla.
– Pero es que no saben que son hermanos. Es una jugarreta del cardenal que le ha dicho a la marquesa que es su sobrina y…
– Pero, ¿al Cardenal qué más le da?
– Ese tío es muy ambicioso: quiere ser Papa y se ha aliado con los portugueses y los franceses que están en guerra con España. Y además, odia al rey, que -agárrate- es el padre de Águila y sus hermanos.
– Los bastardos del rey, ¡voto a Brios! Así que, el cardenal es una especie de Richelieu pero con el pedigrí del Padre Apeles…

Esta sotana me queda como a Gilda el guante. ¡Chúpate esa, Gonzalín, que yo sé latín!

A estas alturas ya tenía la cabeza como el bombo de la lotería de Navidad y no sabía si me estaba contando la Dinastía de los Austrias, el Falcón Crest del Penedés o El buscón remasterizado.

– Yo lo que quiero saber es por qué le llaman Águila roja…
– Porque cada vez que gana una pelea, aparece flotando una pluma roja que los chavales se rifan como si fuera un trofeo.
– Como la marca del zorro a lo “Moulin rouge”.
– Y además, lleva un águila estampada en el mango de la katana.
– ¿Cómo que katana? Será florete o mandoble o cómo se llamen las espadas medievales castellanas.
– No, no, katana japonesa de Nipón. Resulta que el Águila estuvo viviendo varios años en el Lejano Oriente y allí aprendió a manejar la katana y las artes marciales de los ninjas…
– ¡¡Sí, hombre, ¿y qué más?!! Que le iban a enseñar artes marciales los ninjas a un maestro españolito que entra por la puerta con cara de gili. Que eran una secta de asesinos mercenarios, joder, que tiraban bombas y envenenaban a la gente.

¡¡Qué síii, que soy un ninja de Alcorcón y molo un montón!!

– Además que yo sepa, por aquel entonces no había vuelos chárter a Tokyo desde Barajas, no me jodas. Como si fuera tan fácil ir a Japón desde España. Que Colón se tiró dos meses para llegar de Huelva a las Bahamas. Este pavo rojo por lo menos tardó un año en llegar a Oriente, y otro de vuelta.
– Pues sería en ese tiempo cuando vivió en el barco de los piratas ingleses.
– ¿Con los piratas que robaban los barcos (no los bancos) españoles? ¿Como el pirata Drake?
– Sí, tía, con ese. Águila es amigo de la mujer de Drake, que es española… Mónica Cruz.
– Venga, hombre. Y se conocieron en un cruz-ero por el Caribe. Vamos, vamos, ya oigo crujir los huesos de la reina virgen en su tumba.

Comisario, que yo no soy pirata. Sólo me bajé dos capítulos de Internet. ¡¡No me entregue a la SGAE, por favor!!

– El otro día lo pensaba (dice Ori, reflexivo). El tío debe andar por los 30 años, pero ha tenido tiempo de estudiar para maestro, viajar a Oriente, ser pirata, comprarse una casa, tener un hijo…
– Con ese currículum tendría que estar a punto de jubilarse.
– Y en vez de katana llevaría bastón.
– Y en vez de Águila roja sería Águila chocha.
– Chocha como su madre, que ahora se sabe que es una noble, Laura de Montignac, que encima aparece por la Villa entre un grupo de apestados.
– ¡¡La madre que lo trajo!! No me cuentes más, por Dios bendito, que me corto el cuello con el abanico de lunares.
– ¡Ja, ja, ja!! Ya te dije que era un culebrón del copón…

Fiel Saturnillo, ¿acaso estamos en un cuadro de Murillo?

Con el tintero argumental lleno de infinitas plumas rojas en forma de soldados mongoles, piratas ingleses, portugueses rebeldes, franceses litigantes y anillos con escudos nobiliarios, a este paso Águila roja tiene cuerda para rato y va camino de “Águila chocha” como no se cuide la osteoporosis y el lumbago.

Me he venido a vivir a un Monasterio porque no hay escaleras. Tengo las rodillas fatal...

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7 comentarios en “Crítica de tele: Águila roja debería ser Águila chocha

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