¿La publicidad utiliza mensajes cifrados?

Tantas horas de sofá, manta y mando a distancia no podían acabar bien. Como a Don Quijote las novelas de caballerías, una tarde de publicidad televisiva me indujo a la paranoia y acabé pensando que era tonta por no comprar en Mediamarkt y vivía dormida por no tener un seguro con Verti.

Estoy segura: la publicidad utiliza sistemas de criptografía para que sus mensajes se entiendan a medias… o nada. Para muestra, los eslóganes de las famosas empresas de telecomunicación, que parece que fomenten la incomunicación: Con Movistar la vida es más… ¿Más qué, hombre de Dios? ¿Más aburrida, más larga, más cara gracias a las facturas de Movistar? Está muy feo eso de dejar las cosas a medias. A mí en el cole me enseñaron que las frases tienen “sujeto + verbo + predicado”. Debe ser que por los recortes en Educación, ya no hay ni para acabar una oración simple. Y el resultado es un desconcertante coitus interruptus en toda regla de la RAE.
¿Y qué decir de “Es tu momento. Es Vodafone“? De tan escueta es ininteligible. Dos frases mínimas que forman un silogismo sin conclusión. Le falta una coletilla, tipo “Es tu momento. Es Vodafone… Y un jamón” o “Eres un melón” o “¿Eso es un teléfono o tu piquetón?” Al margen del lenguaje a lo indio, estas frases tienen una virtud. Son tan versátiles que se podrían aplicar a cualquier otro producto del mercado. “Es la puerta. Es Avon” o “Es Isabel. Es un bombón”.

Un momento, ¿este también es de Vodafone? ¡¡Me cambio de escudería, digo, de compañía!!!

Aunque dan muchos más dolores de cabeza y oídos los anuncios que no cuentan cosas: te las cantan. Y lo hacen siguiendo un precepto dorado de la publicidad que afirma que los animales (como esos pobres chimpancés vestidos de astronautas para que vean las estrellas) y los niños (tan dulces como una caries provocada por un Werther’s Original) venden más. Y por esa regla de tres al cuarto intentan seducirnos con coros y danzas infantiles que terminan resultando macabros.
Y es que algunos niños de anuncio dan pánico. Yo personalmente prefiero tirarme por la ventana en noche de luna llena que comprarme una cama de IKEA y que me arrulle hasta el insomnio la nana satánica de una niñita invisible con vocecilla temblona y medio atragantada que parece emitida por una ouija con dolby surround.

¡¡Socorro, es Demian y viene a por mí!! Encima me han sedado y no puedo moverme. Pero, ¿yo no era el perro de Scottex?

O peor aún: el anuncio de sopas “Gallina blanca” donde un bebé grimosísimo -por obra y desgracia de una animación grotesca y diabólica- baila a lo ruso en pañales mientras entona a voz en cuello de pollo una versión sopera del “Toa, toa, toa” de Jesulín. Es para empezar a gritar en Cádiz y no parar hasta Andorra y más allá.

Niño, me está dando un flash, así que o paras de bailar o te mando de cabeza a la tienda de los horrores

¡Y qué decir de los anuncios donde salen famosos! Prescriptores, les llaman, porque prescriben igual que los médicos: te hacen comprar cosas que no necesitas con un lenguaje retorcido que no entienden ni ellos. Por poner un caso, Paz Vega y el champú para su melena mediterránea… ¡¡Melena mediterránea!! Así llaman ahora al pelazo de toda la vida. ¿Desde cuándo la cabellera tiene denominación de origen? Aparte del pelo de la dehesa (que no hay champú de huevo que lo arregle), yo nunca he oído en la peluquería a nadie diciendo, “Nena, ponme ese acondicionador especial para mis rizos del Atlántico norte” o “Señora, le voy a poner un sérum en sus puntas castellanas, secas como de meseta”.

Diiiicen que tengo buen peloooo, que me hago, primaaa, buen rodete. Y yo digo que es mentira, que me meten el photochopeteeee

Dejando a un lado a Miguel Induráin considerándose “joven” (y alegre como ninguno), a Paco Lobatón haciendo chistes salidos de Quién sabe dónde, a Loles León disfrazada de cabaretera de Mesón Ibérico y a ese Hugo Silva, pedazo de yogurazo, la palma de oro de los anuncios se la lleva como siempre LTC, es decir, La Tienda en Casa. Y este año hay dos productos que sin duda son gadgets del contraespionaje industrial: el sujetador Comfortisse Bra y el rosario electrónico con la santa voz de Juan Pablo II.
Ese sujetador de entrada es un timo peor que el de la estampita (Juan Pablo II, me perdone). Ese trozo de tela acrílico, que produce eccema a través de la pantalla, con un relleno que ni Afrodita A antes de un bombardeo y tan fino que puedes ponerte uno encima de otro, te lo venden en lotes de a tres por ¡¡60 euracos!!, a 20 la pieza, señora. Pero si en los chinos de mi calle los tienes por tres leuros, con sus relleno, su frunce, su espuma acrílica y su color carne de gallina desplumada. Si no es el mismo, da el pego sin pega. Ahí tiene que haber gato chino encerrado en el canalillo…

Mi sujetador no es chino, ¿no ves que es blanco? Es nórdico como el de mi cama-gochi...

Me quedé tan asombrada y sobrecogida que casi me compro el rosario para rezarle a Don dinero, poderoso caballero. Pero lo descarté, porque este producto es demasiado… sobrenatural. Es un rosario sin cuentas de la vieja, porque es el propio Papa Juan Pablo II quien lleva la cuenta, eso sí, en italiano, el idioma vaticano. Y como viene con auriculares puedes rezar en el trabajo entre pantallazo y pantallazo. Sin embargo, en el modo de empleo advierten que si lo pones cabeza abajo y confundes los auriculares de oído, oyes mensajes apocalípticos sobre el segundo advenimiento de E.T. saliendo del armario y declaraciones de la curia romana en el Juicio Final mientras se rehogan en las calderas de Pedro Botero.

De tan inspirador ya tiene página de fans en Facebook por méritos propios de los que doy fe. Al ver el anuncio, inmediatamente sentí algo por dentro, que sólo pude calificar como un intenso y profundo ardor, similar a la llama de amor viva de San Juan de la Cruz. Pero la mía virtual y en formato holograma, como Obi-Wan o Darth Vader quien, por cierto, qué bien está en el anuncio del Volkswagen Passat. Para mí, su mejor interpretación en años…

Quieta, muñeca. Te parece a la Princesa Leia... Más o menos, actúas como ella...

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5 comentarios en “¿La publicidad utiliza mensajes cifrados?

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Lo de las frases inacabadas sigue la misma senda que la marcada por héroes del silencio y otros tantos grupos de pop nacionales: digo frases sin sentido, totalmente huecas, pero que parezcan molonas, te las digo susurrando y arrenado, ya tenemos hit

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  3. Que gran verdad, ultimamente hay demasiados anuncios malisimos, ya no saben que hacer para vender y menos en tiempos de crisis. Lo mas gracioso es que digan que tienen una agencia de autorregulación. Deberian tener una agencia de buen gusto.

    Saludos

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