Las mujeres independientes somos drogodependientes

La independencia económica, emocional y virtual no da la felicidad. Así de claro. Y con un umbral para la infelicidad a la altura del barbitúrico, o te metes o te meten. Es ley de vida moderna: sin pastilla, no se alegra la pepitilla.

El precio de ser una mujer independiente es pasar por la botica cada semanica. No se sabe si la culpa es de las Sufragistas, de Simone de Beauvoir o de Marylin Monroe, pero las mujeres de nuestro tiempo vivimos muy engañadas. Nuestras madres y antepasadas próximas fueron mucho más lúcidas y lucidas. Alimentadas y malcriadas como señoritas de postín, se las arreglaban muy bien para vivir de la sopa boba a la sombra redondeada de sus maridos. Puede que sufrieran en silencio las hemorroides del alma pero al menos no se les veían patas de gallo cocidas al botox, silicona desparramada por el canalillo y extensiones de la Nancy de Famosa, pero menos famosas.

Por mí no pasan los años, y tengo más de 40 tacazos

Las mujeres modernas protagonizamos una farsa ácido-cítrica de las que escuecen y dan sarpullido. Sospecho (y luego, desisto) que en alguna junta de señoras de metabolismo basal rápido llegaron a la conclusión de que para ser modernas hay que tener todo. Ese “todo” engloba un trabajo que dé pasta aunque apeste, marido bien colocado y mejor depilado, pisito archihipotecado y niños gritones al cuidado sesgado de abuelas supernanny.

Vaya ángel del infierno he parido... SI lo sé no la tengo...

Cuando fallan alguna de estas premisas, al botiquín de narices. Es decir, día sí y día también. Tener un trabajo de mierda con unos jefes comemierda y por un sueldo de mierda es lo normal. Para sobrellevarlo, antidepresivos es lo más socorrido.
Lo del novio/marido/amante todavía es más jodido, mal jodido o directamente difícil de joder. Tíos estupendos no se compran en el Mercadona, no se encuentran debajo de las piedras ni caen de los árboles. Y si el príncipe o mendigo no aparece, el síndrome de abstinencia mezclado con la cuenta atrás del reloj biológico femenino y la falta de sueño sinrazón produce monstruas.

No sé por qué no ligo... ¿será por el diente torcío?

Aunque no lo parezca hay un ejército de cazadoras de piel y plástico con una red social dentro del bolso y la cerbatana casera apuntando al tuntún a diestros y zurdos. El síndrome de la Amazona frustrada aparece al volver a casa con las manos vacías. Sin macho saciador no sirve ni el consolador. Y así no se puede dormir. Para eso están los tranquilizantes, relajantes musculares, inductores al sueño, automasaje, tila alpina… A medio plazo funcionan pero te dejan zombie o convertida en media-señora: piernas por un lado y cabeza por otro.

A la caza del machoooo, se abre la vedaaa

Peor todavía si tienes pareja… o la tenías porque hace días que a ti se te cae el techo encima pero a él no le pilla: para menos en casa que Superman en una cabina de teléfonos. No hay quien le vea el pelo, ya sea por reuniones de trabajo intempestivas, amigos del colegio que reaparecen por el Facebook para liarla o la cervecita semanal con sus colegas de toda la vida, aquellos gilipollas con los que salía a guarrear no hace tantos años. Para no caer en crisis de angustia y empezar a hiperventilar por la pestaña, está el litio (que no es tu vecino de abajo) y una buena maría, que no rule que es solo mía.

Llevo 50 años con esto, pero mañana si quiero lo dejo... Pero no quiero, leche!!

Y aunque ahora pienses que cualquier tiempo pasado fue mejor, y que tu madre sí que sabía, los tiempos adelantan que es una barbaridad y ahora para nuestra satisfacción nos dan en bandeja los remedios de Escolapio. Y si para ser moderna, feliz e independiente hay que medicarse, pues ¡que viva la medicina y la Seguridad Social! ¡Ay, no! Que esta medicación ya no entra por el Seguro. Mierda de recortes.

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Un comentario en “Las mujeres independientes somos drogodependientes

  1. En vista de que a los varones nos chupa un pie que tengáis las catecolaminas del revés, y del triunfante backlash contra el feminismo, lo lleváis crudo, chicas. En todo caso, te felicito por poner el dedo en la llaga con tanto sentido del humor. Aquí casi nadie lo había hecho todavía. Cuántas batallas por librar e Ilustraciones por llegar…

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