No tengo depresión: soy así (Parte II)

“Cuando Delagranja encontró al Dr. Lista” o Cómo una sujeta supuestamente depresiva descubre que la biografía y la biología son las madres putativas de su destino.

Tal como comentaba en la Parte I, tras mi descenso a los infiernos al dejar los antidepresivos, mi amigo y psicólogo junguiano Diego Durán, buen oyente capaz de meterse en los zapatos de cualquiera -condición básica para un psicólogo, profesión que detesto: demasiada prima donna, autores de libros de falsa autoayuda y superegos que están muy mal de lo suyo pero pretenden curar a los demás- me recomendó encarecidamente que visitara a Álvaro Lista, neurocientífico, médico psiquiatra especialista en depresión y en procesos de envejecimiento. Me costó decidirme, cansada de tener que pasar otra vez por lo de siempre: medicación estándar para depresión in eternum.

Sin embargo, me llevé una grata sorpresa. En mi primera visita, Álvaro me pareció un tipo súper afable, increíblemente inteligente, expeditivo e incisivo. Lo entendió todo a la primera y me dio deberes para casa. ¡Y qué deberes! Un cuestionario médico de cientos de preguntas y una autobiografía emocional que me costó varias semanas completar. Fue terrible tener que abrir de nuevo la caja de Pandora y ponerme por enésima vez frente al espejo y autopsicoanalizarme hasta el aburrimiento. Pero lo hice. Álvaro la leyó con gran interés y mucho, mucho cariño, así como mi blog de nanocuentos demostrando una implicación inusual en un psiquiatra al uso. Pero él no lo es.

Me canta el cerebro que no veas

Me canta el cerebro que no veas

Con todo lo que más me sorprendió -y me pareció un puntazo- es que propuso hacerme pruebas genéticas para determinar si mi depresión era hereditaria o vivencial. ¡Me encantó la sugerencia! Por fin alguien metía el dedo en la llaga, en el origen físico-químico que siempre sospeché causa de mis bajonazos. De cabeza me fui a que me rasparan con esos bastoncillos CSI el interior la boca y someterme a tres análisis rarísimos. A saber:

– Genotipificación del transportador de serotonina (5HTT)- Resultado: Copia corta y copia larga.
– Genotipificación del polimorfismo VAL158 MET del gen COMT – Resultado: VAL/VAL
– Genotipificación del polimorfismo VAL66 MET del gen BDNF – Resultado: VAL/VAL

Dejo ahí los datos para quien los entienda. A mí me sonó y sigue sonándome a chino. Lo único que entendí (según me explicó Álvaro) es que el transportador de serotonina es fundamental para sentir esa euforia y optimismo que ayuda a ver la botella medio llena. El gen COMT, por su parte, está relacionado con la dopamina, sustancia que favorece la sensación de placer. Y el BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro) es una proteína determinante en los procesos de depresión. Con los resultados y mi relato de vida en la mano, Álvaro concluyó que mi escenario genético no es el peor del mundo pero tampoco el mejor, y que además la forma en que crecí y me crié (mirando siempre hacia dentro y de reojo a las afueras) provocó un tendencia a la ansiedad, el estrés y el miedo, que me fue volviendo paulatinamente melancólica.
Para mi tratamiento, Álvaro diseñó un plan terapéutico completo con varias líneas posológicas:

1. Estrategia antidepresiva con Duloxetina 60mg.
2. Estrategia Ansiolítica No sedativa con Risperidona, que dejé al año.
3. Estrategia Neuroprotectora (todo natural) con Superomega3 y Vitaminas B6, B9 y B12.
4. Estrategia Cronobiológica con Melatonina 5mg.

En mi segunda visita, le hice al Dr. Lista la pregunta del millón: ¿Tengo cura?

Según Millán Salcedo de Martes y trece (al que adoro), “la locura no tiene cura”. Y en cierta manera fue lo que me respondió Álvaro, explicándome algo que me dejó ojiplática y patidifuminada varias semanas.
Parece ser que en nuestro proceso de percepción, que determinará la forma en que nos posicionemos ante y en el mundo, existen tres sistemas que configuran el proceso activo de pensamiento, conciencia y experiencia subjetiva individual. Tal y como lo entendí, serían:

1. Sistema Abierto: Es aquel que nos permite aprender cosas a diario, asimilar información y configurar nuevas asociaciones de ideas. Es decir, cambiar y evolucionar día a día. El No te acostarás sin saber una cosa más.
2. Sistema Semi-abierto: El sistema que nos permite aprender de cualquier experiencia sea negativa o positiva y elegir qué postura tomar, resiliente o victimista. Por ejemplo, aunque hayas tenido una mala experiencia amorosa y tu percepción del amor sea negativa eso no quita que mañana quieras/puedas volver a enamorarte.
3. Sistema Cerrado: Este es el Quid de la cuestión, la caja negra del avión, el talón de Aquiles del EGO dañado. Según parece entre los 4 y 18 años más o menos, el individuo crea su visión del mundo, su yo tierno en el que empieza a diseñar un proyección vital sobre el lienzo en blanco de su persona. Este sistema proactivo va confeccionando una sólida red con nudos más apretados que un tango de borrachos que hacia los 18-20 años se cierra herméticamente sin que ningún factor externo pueda ya hacer mella en él; ni siquiera los otros dos sistemas que -como agua y aceite- corren en paralelo sin mezclarse.

Pandora, deja la cajita cerrada que hay cosas que es mejor no saber...

Pandora, deja la cajita cerrada que hay cosas que es mejor no saber…

He aquí la tragedia: si durante la infancia y/o adolescencia nuestro entorno familiar, personal, social, ambiental nos hacen un daño continuo, reiterado y repetitivo como un mantra fatal que nos lava el cerebro, y NO se le pone remedio (con médicos, pedagogos, padres, amigos…), aparece la tara, el trauma, la herida, llámele X que se fosiliza en ese núcleo duro de la personalidad donde nunca más entrará la luz del sol y condicionará nuestra trayectoria personal de ahí en adelante… y para siempre.

Por todo eso, ahora lo sé, no soy depresiva. Y no lo digo yo, lo dice Álvaro Lista y también me lo dijo hace años Adolfo Jarne en Barcelona. Soy una optimista dañada, quebrada (según Javier Couto, amigo y escritor de Sci-fi), de carácter histriónico que funciona como escudo ante un entorno hostil forjado por mis desórdenes neurológicos. Y es porque genética y precozmente mi cerebro sufrió un daño ya irreparable que condicionó para siempre mis niveles de dopamina y serotonina. No hay pues ningún mecanismo de defensa personal (sensibilidad artística, inteligencia emocional, humor negro) que pueden solucionarlo: sólo los antidepresivos me salvan.
Así las cosas, no dejo las pastillas ¡¡¡NI LOCA!!!

Toma que toma pastillas de goma

Toma que toma pastillas de goma

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De varones, machos y hombres

Todos los hombres son iguales. ¡MENTIRA! Son todos unos cabrones. HABERLOS HAILOS, pero aprende a reconocerlos y escapa, guapa. Todos quieren lo mismo. ¡SÍ, QUE LES AMEN!

Soy tan Misancrítica como Androafectiva. La energía masculina me fascina y la necesito no sólo como heterosexual raboréxica que soy, sino por lo que los hombres han sido, son y serán en mi vida: los mejores guías y compañeros de camino. Empezando por mi abuelo materno, César Fernández Cortés, amante de los libros y de los periódicos que leía a diario, me inculcó la afición a la lectura, a consultar el diccionario cuando no entendía una palabra y a apreciar todos los detalles de su enciclopedia de la Historia del Arte, que me valió un sobresaliente en COU y el amor de mi profe de arte. Pero tiré por las letras, quizá por influencia de otro profesor (Zabal), que intentó sutilmente animarme a escribir cuando yo no estaba ni de lejos preparada para exponerme. Sin embargo consiguió plantar la semilla.

Antes de escribir, sácale punta a tu lengua

Antes de escribir, sácale punta a tu lengua

Pero aunque el arte y la literatura han marcado parte de mi vida, mi única constante vital desde la infantil es la MÚSICA. Bailaba antes de andar y hablaba cantando como un loro. En materia de ritmo y armonías se lo debo todo a mi tío materno, Carlos F. Lastres. Un tipo con oído absoluto, toca el piano sin tener ni idea de solfeo, la guitarra con un método propio de escalas y la batería con un compás completamente suyo curradísimo a base de décadas de práctica, que como dice el refrán, hace al maestro.
Corre una leyenda familiar sobre la precocidad de su talento. A finales de los años 40, mi familia vivía en Monforte de Lemos, donde mi abuelo era director de una sucursal de banco. Estaban instalados en una casa grande con jardín y azotea frente al único cine de la ciudad. Mi tío -que tenía unos cinco años- conocía perfectamente los horarios de cada sesión cinematográfica y se preparaba para el momento: con dos escobillas de váter sobre una banqueta de hule acompañaba las bandas sonoras de las películas con la seriedad de un baterista profesional.

El toque con el baile entra

El toque con el cante entra

Estas enriquecedoras influencias masculinas desde la infancia han marcado mi preferencia por el sexo fuerte importándome más bien una mierda su inclinación sexual. Es la energía masculina, ejecutiva y proactiva (que pueden tener tanto mujeres como gays y de la que carecen algunos machirulos), la que determina la forma de ver la vida y actuar. Para mí es mucho más importante lo que se hace con el cerebro que con los genitales. Me interesan poco o nada los hombres comunes (no como Ricardo Darín, un hombre común muy poco común), incapaces de crear o producir alguna forma de belleza.
Es por eso, que la mayoría de mis amigos tienen algo en común: creatividad y sensibilidad. Artistas, escritores, poetas, músicos, bailaores, guionistas, ilustradores, cómicos, psicólogos y geeks forman parte de mis amistades más íntimas, son mis sospechosos habituales.

Sospecho que sois muy muy listos

Sospecho que sois muy muy listos

Dejando a un lado el aspecto físico (me gustan los tíos buenos, qué le voy a hacer), he sido seducida y cautivada en más de una ocasión por tipos tirando a feos pero con una cualidad excepcional y rarísima: el SENTIDO DEL HUMOR. Esa predisposición natural para entender la realidad desde el absurdo, de medir la vida por el lado liviano de la balanza y la soberbia capacidad de “hacer el payaso” revela inteligencia, reflejos, recursos psicológicos y sociales. Es un rasgo de espontaneidad física y mental, un dominio intuitivo del tiempo y el espacio para generar climas de distensión, y una admirable capacidad para quitarle hierro al ego. Sólo un hombre que sabe reírse de sí mismo y por contagio hacer reír a los demás, es un auténtico varón, sea gay, guy o chuky.

He conocido a muchas mujeres con un sentido del humor de Cuponazo, payasas a más no poder con una gestualidad y vis cómica de lágrimas; pero en esto como en todo lo demás, prefiero a los hombres. Me hacen más gracia, no puedo evitarlo. Porque cuando los hombres se desmelenan son hilarantes y delirantes; nadie pierde los papeles mejor que ellos, los neuróticos muestran un punto de histrionismo que roza el humor negro más demencial y brillante. Y ni te cuento si tienen fobias. Ejemplo egregio, Woody Allen.

Porque el sentido del humor y la inteligencia son sexy, eróticos, afrodisíacos. Por desgracia, pocos hombres reúnen estas dos cualidades en grado alto y el grueso de la tropa está plagado de energúmenos, machotes, falsos tipos duros completamente inseguros que necesitan llevar una mujer guapa al lado para exhibirla como trofeo y hacen gala de su dinero/poder porque no pueden hacerlo de verdaderas dones, aunque intangibles. Sobran de esos machos mal paridos a los que nadie les ha parado los pies en seco, A estos tipos hay que cuestionarles los cimientos de sus deleznables y frívolas personalidades y situarlos ante el espejo de su mediocridad. Para muestra, un Donald Trump.

¡Qué baño de lejía me voy a dar, madre mía!

¡Qué baño de lejía me voy a dar, madre mía!

Porque los hombres también tienen sus miedos al fracaso, a no ser suficientemente buenos para todo lo que se les exige (que es mucho y a diario). Para ayudarles, sólo se me ocurre darles altas dosis de sentido del humor, encenderles la luz de la sensibilidad y enseñarles a conducirse con una lógica personal sin fisuras. Hasta el más bestia tiene su corazoncito de paja y el más lerdo, un destello de inteligencia natural que puede hacer de cualquiera un hombre de verdad.

De mujeres y otras mujeres

Me declaro misancrítica. Las mujeres somos una historia interminable de guerras internas, puñaladas traperas y fracasos sociales, personales y emocionales…¡POR TONTAS!

En general, no me gustan las mujeres como género. Creo que somos insolidarias entre nosotras; que no entendemos la libertad de acción, arte y carácter de las más valientes; que estamos completamente mediatizadas por nuestra biología y el impositivo casi insoslayable de la procreación, y que las neurosis nos rondan amenazadoramente como buitres sobre cadáver de caballo.
Por todo eso, las mujeres convencionales me aburren mortalmente. No encuentro puntos en común con una hembra cuya máxima en la vida es tener hijos porque sí, marido con posibles, hipoteca porque toca, trabajo de oficina a media jornada para poder consumir, comidas familiares los domingos y vacaciones en el resort de turno vía selfies. No tengo nada que decirle a esas mujeres y ellas no tienen nada que decirme a mí. Les deseo toda la felicidad del mundo pero su felicidad es mi pesadilla.

Prefiero que Freddy Krueger me saque la piel a tiras y se haga un trikini

Prefiero que Freddy Krueger me saque la piel a tiras y se haga un trikini

Por eso tengo más amigos que amigas y estas últimas suelen ser de las que andan por el lado salvaje de la vida: solteras sin fronteras, casadas sin hijos (como yo), alegres divorciadas y lesbianas bien emparejadas. Digo lado salvaje porque sigue siendo difícil en este siglo XXI tener cierta edad y no tener hijos por y a conciencia, ser soltera o divorciada y estar contenta de serlo, ser lesbiana y tener una vida de pareja feliz, estable y envidiable. Aunque tengo amigas de las otras (hetero emparejadas y con hijos) son las menos. Por ser como son adoroooo a mis escasas amigas.

Las viejas amigas mueren sólo de risa

Las viejas amigas mueren sólo de risa

Es por eso que me declaro a voz en grito MISANCRÍTICA. Soy jueza y verduga de esas mujeres víctimistas, manipuladoras, castradoras, histéricas, narcisistas y machistas. Son mujeres que NO se aman a sí mismas, no se respetan, no se conocen. Y por supuesto NO aman a los hombres pero necesitan tenerlos en sus vidas, que no entienden sin el macho. Desafortunadamente a esas mujeres les gustan más los chuloputas que los poetas, los gilipollas que los filósofos, los sinvergüenzas que los vergonzosos… Esas mujeres pueden ser las peores madres del mundo, les rompen la vida a sus hijos convirtiéndolos en tremendos machistas, en narcisistas negativos, en edípicos reprimidos y en misóginos irrescatables. Y a sus hijas las anulan degradándolas a muñecas de trapo abandonadas en un mundo de hombres, aletargadas por la humillación, interpretando las peores versiones de sí mismas.

Quien tuviera un buen guardaespaldas por delante y por detrás

Quien tuviera un buen guardaespaldas por delante y por detrás

A estas alturas del partido, y con tantas bajas entre nuestras filas, es absurdo pensar que todas las mujeres somos iguales, y meternos juntas y revueltas en el mismo saco no sólo es una injusticia y un absurdo, es IRREAL. Somos y nos comportamos como las antiguas polis griegas: envidiosas de la vecina, deseando su mal y ovacionando sus derrotas. Las mujeres podemos ser nuestras mejores aliadas y las peores enemigas. Y eso es un sinsentido fatal que nos ha acarreado históricamente muchos disgustos, tragedias y muertes. A pesar de los miles de sacerdotisas, curanderas, poetas, científicas, druidas quemadas en la hoguera y sufragistas autoinmoladas, o de excelsos modelos de conducta, carácter e inteligencia que imitar -Aspasia de Atenas, Hipatia de Alejandría, Artemisia Gentileschi, Dorothy Parker, Simone de Beauvoir, etc.- no hemos aprendidos nada.

¿De qué me sirve la libertad si no puedo tenerla en mi salón?

¿De qué me sirve la libertad si no puedo tenerla en mi salón?

Es ahora que necesitamos replantearnos nuestro rol universal de hembras, dejar a un lado el estereotipo de “mujer fatal siempre con problemas” y fijarnos en nuestros talentos sensibles, intelectuales y sociales. Debemos ayudar a crecer a las mujeres alienadas, sometidas, victimizadas (que son legión) porque ellas odian a las libertarias, a las valientes e independientes. No por envidia (que es una forma negativa de admiración) sino porque no pueden ni saben imitarlas y les da pánico afrontar “la soledad de la corredora de fondo”, quintaesencia de la libertad. No saben manejarse en ese ámbito de librepensamiento, porque nadie les ha enseñado a hacerlo.

Enséñame a entender y moveré el mundo

Enséñame a entender y moveré el mundo

En ese momento histórico donde se nos viene encima un teleñeco psicópata como presidente de los EEUU y el planeta se rebela de polo a polo, las mujeres tenemos que autoeducarnos y capacitarnos para la libertad de acción y elección, de pensamiento y creación para posicionarnos social y personalmente sin las coacciones familiares, machistas y sociales que nos han atenazado durante siglos. Que cada una sea lo que le apetezca ser: madre, esposa, empresaria, asalariada, proletaria, folladora o ricachona borracha.
Pero inteligentes y libres como ella, que un altar la tengo LIKE A VIRGIN: Santa MADONNA a la putanesca.

El arte de piropear

No soy de las que pasan bajo los andamios mendigando perlas salvajes de bocas proletarias. Pero, ¿a quién le amarga un dulce? El piropo es un arte que no está al alcance de cualquier buzón. Hay que atreverse a admirar y para eso hay tenerlos bien puestos… los ojos.

Así como los insultos que he recibido en mi vida (no pocos y variopintos) se me han quedado grabados a fuego, los piropos que me han dedicado ocasionalmente me dan calorcito interior cuando la amenaza de la baja autoestima pugna por abrirme las carnes.

Una mañana de niebla en Santiago de Compostela, cuando aún era estudiante universitaria, tuve que salir al escape para recoger en la parada del autobús a una amiga que llegaba cargada de maletas. Iba caminando bajo el puente da Vedra con vaqueros ceñidos, botas altas, chaqueta roja de lana y cola de caballo medio deshecha, cuando pasé delante de una zanja donde tres o cuatro obreros estaban tomándose el bocata de las 11h. Uno de ellos levantó la cabeza y al verme pasar del alma le salió un Oleee, la clase se ve. Sonreí para mí pues me pareció un piropo de clase alta en boca de un Working Class Hero cualquiera.

Vente pa'cá que te voy a hacer un traje de saliva que te va a  hidrar tó el año.

Ven pa’cá que te voy a hacer un traje de saliva a medida que te como todo.

Está claro que la sensibilidad no entiende de clases, sexo ni edad. El piropo que más atesoro salió de la boca de una niña de no más de cinco años. Dicen que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad y esto fue de largo la cosa más bonita que me han dicho en mi vida “física” con diferencia. Tan hondo me caló que escribí un Micro Romance que aquí dejo para una lectura rápida.

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Quizás haya recibido otros piropos a la altura de los susodichos, pero no me acuerdo. Lo que viene a significar que me entraron por un oído y me salieron por el otro.
Sin embargo los halagos que más agradezco ( y los más escasos) son los que inspira mi forma de escribir, ya que sobre el cuerpo y el carácter el tiempo y la vida meten la mano más que el salido de turno. En la escritura y en la creatividad, para bien y para mal, la culpa es mía y sólo mía. Por eso agradecí infinito cuando Víctor J. Sanz, escritor, editor y profesor de escritura creativa, elogió los textos que le mandé para su blog Letras Inquietas con una hermosa frase lapidaria: “Tu prosa enamora”.
Estoy por convertirla en mi epitafio, aunque para ese último suspiro tengo otra idea…

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En definitiva, sobre piropos no hay nada escrito. Todo es lenguaje oral, gracias a Dios, porque para escribir burradas ya están las redes sociales.

PD: He tenido un olvido imperdonable, pues entre mis piropeadores habituales de letras y espacios, tengo que destacar a mi colega David Torres, blogger y escritor inspiradisimo como demuestra en su blog. Ya hace años me dio Un Bloggeras salerosas de Oro (premio que muestro con orgullo y satisfacción en la barra lateral de este blog) y me aseguró no ser “una simple juntaletras”. Más no puedo pedir.

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De príncipes y mendigos

Dar la mano, qué gesto tan simple, delicado y respetuoso que se está perdiendo entre tanto beso y abrazo dado de cualquier forma y a cualquiera. No, de eso nada, donde esté una buena mano que se quite todo lo demás.

Recuerdo un viaje que hice a Marruecos con mi amiga Eva Mor. Estuvimos en Marrakech y Essaouira, y lo pasamos en grande. El problema era la prohibición de tomar alcohol en los restaurantes, pues la borrachera va en contra de la religión islámica pero a favor de la mía. Sin embargo, hecha la ley hecha la trampa. Y en Essaouira encontramos un restaurante monísimo, oscuro y moriscamente adornado tipo cueva de Alí Babá, donde ofrecían vino francés. Nos tiramos de cabeza. Nos limpiamos la botella mano a mano tan ricamente. Fue al ponernos de pie cuando el Magreb entero empezó a dar vueltas de campana. Ni con el aire del Atlántico se nos quitó la melopea. Nos empezó a entrar una risa floja de mil pares mientras dábamos tumbos de pared en pared por el pintoresco pueblecito. Al dar la vuelta a una esquina, me topé casi de narices con un mendigo que algo me dijo en árabe extendiéndome la mano. En un acto reflejo, se la estreché sacudiéndola con suavidad mientras le susurraba un etílico “encantada”. Eva, que venía detrás de mí, hizo lo mismo lo que dejó al mendigo ojiplático y a un jovenzuelo que estaba a su lado partiéndose la caja.
De eso hace seis años, pero recuerdo perfectamente el tacto de aquella mano anónima: oscura, callosa, seca, amable y algo asustada.

Manos que no dais, ¿qué esperáis?

Manos que no dais, ¿qué esperáis?

Todo esto viene a cuento porque ayer tarde le estreché la mano a su alteza real Prince Edward, Conde de Wessex e hijo menor de Queen Elisabeth II en un acto social de la Embajada Británica en Montevideo. Prince Edward es un profesional de la diplomacia, educado para tal en la forja lenta e implacable de la tradición secular de la Monarquía Británica, sometido (pobre, qué suplicio) a una diaria y concienzuda disciplina bajo la supervisión de avezados profesionales de la etiqueta más rancia. Curiosamente, no recuerdo en absoluto su mano, pero no puedo quitarme de la cabeza su mirada. Cuando me miró, tuve la sensación de que ser para él la persona más importante en ese momento y ese lugar. Una mirada franca pero cálida, directa pero no impertinente, estudiada pero no vacua, carente de prepotencia pero envuelta en una dignidad de cuna que no se puede ni fingir ni aparentar. Y no es que me mirara especialmente a mí por mi cara de gallega, sino que a todo el mundo le dedicaba la misma intensidad visual y un interés tan falso como perfectamente interpretado. Si a esto se suma, una excelente postura y buena plancha, finísimas maneras y una voz educada en tono y discurso, el resultado es regio.
Lo más chocante es que yo soy republicana confesa. Quiero una España republicana ya sin más dilación, pero con la Monarquía Británica tengo una debilidad. No lo puedo remediar: God Saves the Queen!

Prince Edward en su recepción, Embajada Británica de MVD

Prince Edward en su recepción, Embajada Británica de MVD

Creo que mi experiencia más bella e inusitada en “toques de mano” fue en Tokyo, cerca del templo de Senso-ji, el más famoso, concurrido y comercial de la ciudad.
En agosto, Japón es un infiernillo. La humedad es del 90% en el mejor de los casos y la temperatura no baja de 30º. Después de visitar el templo y comprarme una sombrilla bien nipona para protegerme del solazo, se me caían los palos del sombrajo, los pelos del sobaco y los pajaritos fritos. Necesitaba atemperarme con aire acondicionado a 18º y toda vela. Encontramos un supermercado y nos metimos de cabeza en la sección de congelados. Compramos unos plátanos y alguna cosa más que no recuerdo, y nos pusimos a la cola en la caja. Teníamos tres personas delante, pero la cajera sólo me miraba a mí. Pasaba mecánicamente por el scanner los productos de los clientes mientras me dedicaba una sonrisa de Mona Lisa. Al llegar nuestros turno, me hizo una breve reverencia de cabeza (me encanta este gesto, recibirlo y hacerlo) y me dio el cambio depositándolo suavemente en mi mano que entrecerró en las suyas con una caricia. “Arigato”, le sonreí. “Arigato”, me sonrió. No sé porqué lo hizo, si le recordé a alguien, si le gustó mi aspecto, no lo sé. Pero ese gesto me dejó una sensación imborrable de dulzura y delicadeza, de confianza y simpatía, incluso de cierta intimidad con una completa extraña.

Es curioso y muy contradictorio, pues mi misantropía me hace aborrecer cualquier contacto con desconocidos: puedo ponerme muy violenta por un roce fortuito en el metro. Por eso, me molesta dar un beso -o dos- en las presentaciones o a gente que me cae mal al saludar. El beso y el abrazo se los reservo a mis amigos, los que el tiempo y la distancia no han barrido. Para todos los demás, con un hola y media sonrisa me parece más que suficiente. Además, al saludar puedes mirar a los ojos (cosa que no haces mientras das un beso en la cara) y con una sonrisa muestras cierta disposición a la comunicación y empatía. Pero la mano… La mano -como el beso de amor- no se la doy a cualquiera.

Childfree porque SÍ

Ya basta de demonizar social y personalmente a las mujeres que no queremos tener hijos. En mi caso fue una elección muy temprana motivada por una autoconocimiento profundo, ligado a una férrea coherencia personal. La felicidad no nace en el paritorio y la que crea que un hijo va a solucionar su infelicidad se equivoca de pelo a rabo: la autorrealización pasa por el cerebro, no por el útero.

No es más feliz el que procrea sino el que crea. El problema es que no todos pueden crear, en cambio casi todos pueden procrear incluso sin intervención del amor ni del humor (los bancos de semen no son de risa). Sin embargo, hay seres humanos que no tenemos ni pizca de interés por perpetuar nuestros genes, pero sí por alimentar y enaltecer nuestros talentos y dones naturales.
En mi caso, jamás entró un hijo en mis ecuaciones vitales. Nunca sentí que ser madre fuera conmigo en ningún aspecto, ni físico, ni mental, ni emocional. No necesito el amor incondicional de un hijo porque tengo el de mi pareja, el de mis amigos y el de mi familia que me ADORAN. Que me llamen mamá me la refanfinfla y la sola idea me da náuseas matinales. Aunque muchos amigos me han dicho que sería una madre estupenda, me conozco lo suficientemente bien para saber que eso no es verdad. Sería una madre muy cachonda, original, extravagante y única, pero no buena. Las nieblas y tinieblas que me rodean sofocarían a mi vástago como si metiera la cabeza por una grieta de Fukushima.
Un hijo me amargaría la vida hasta la tumba. Y ya bastante me la amargo yo para además tener el morro de proyectar mis insatisfacciones sobre cualquiera otro personaje que no sea los Rolling Stones.

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Además yo no viene al mundo diseñada psicológicamente para la maternidad: no tengo paciencia, no soporto los gritos ni las carreras por doquier rompiéndolo todo como un Little Terminator (empezando por los pezones y terminando por las pelotas); no tengo ningún interés en educar ni aleccionar a nadie ni nada, tenga 4 años o 44; las edades tempranas del hombre me ponen (y pusieron) los pelos de punta: la infancia me deprimió crónicamente y la adolescencia me hizo desear la muerte como un mal menor. No quiero volver a vivir esas experiencias en carne ajena, NI BORRACHA.

No son sólo handicaps mentales lo que me han motivado a no ser madre. Mi cuerpo tampoco ha querido. Sólo de pensar en tener un alien sapiens creciéndome en las tripas, que me raje el coño al salir, me produzca almorranas y me haga sangrar los pezones cual vaca lechera, me da pavor, horror, terror. Recuerdo un comentario que me hizo una excolega de trabajo embarazada de su tercer hijo cuando le pregunté con cierta sutileza cómo es que seguía procreando tan alegremente. Me respondió: “Mi cuerpo necesita estar embarazado”… No pude salir de mi asombro ni en aquel momento ni ahora recordándolo. ¿Qué cuerpo de mujer en su sano juicio puede sentir eso? La mujer y su cuerpo serrano son el alimento del alma masculina, la inspiración del hombre inteligente que aspira a la libertad gracias a nuestro amor. El problema es que muchas, demasiadas, excesivas mujeres usan su cuerpo para amarrar al macho haciéndole hijos no deseados, en lugar de amarle libre y libertinamente sin obligarle a ataduras posgenéticas.

Me da más miedo esta foto que Jack Nicholson con cuchillo de matarife

Me da más miedo esta foto que Jack Nicholson con cuchillo de matarife

Toda esta disertación personal viene porque leí un artículo en El País que trata sobre la no maternidad por elección , fenómeno en alza en las sociedades del primer mundo.
En inglés se ha acuñado un término que me encanta: childfree
, libre de hijos, como libre de conservantes o pesticidas. Geniales los anglosajones inventando palabras que describen a la perfección el concepto. Hay otra etiqueta similar pero no idéntica: Childless, personas sin hijos aunque no voluntariamente. Para que no haya equívocos entre los que no quieren y los que no pueden procrear, se emplea “Childless by choice” (Sin hijos por elección). Busqué el concepto en la Wikipedia y encontré un artículo bastante extenso que incluye a San Agustín y los Cátaros que afirmaban que la procreación era un designio del diablo no de dios, pues la carne apresa el alma y traer hijos al mundo era hacer prisioneros espirituales. Interesante argumento, aunque desfasado y anacrónico.

Me apetece destacar algunos aspectos de esa entrada de la Wiki. Primero, las razones para no ser padre que son un montón por eso sólo voy a exponer las que me identifican:

– El desagrado o disgusto que producen los niños, su presencia y comportamiento.
– Los cambios que la presencia de niños produce en la vida cotidiana, las relaciones de pareja, familiares y de amistad.
– La falta de instinto maternal y/o paternal.
– No querer sacrificar tiempo para el cuidado y atención de los niños.
– Percepción o incapacidad real para ser un padre responsable y paciente.
– Mantener el mayor grado de libertad de elección personal.
– Mantener la posibilidad y capacidad de cambiar de estudios, ciudad de residencia, trabajo, etc. tanto a corto plazo como a largo plazo.
– El miedo y/o repulsión hacia el estado físico del embarazo, el miedo al parto y la recuperación posterior (tanto física como social). Hipocondría y pánico al embarazo y a las dolencias derivadas de él.
– Es un error traer un hijo al mundo si no es deseado, por lo que si no se desea no debe tenerse (y aunque se desee, hay que valer para ser padre).
– Se puede hacer una mayor y mejor contribución a la humanidad sin tener hijos.
– Muchas personas tienen hijos por razones equivocadas.
– Preocupación por la ecología, el medio ambiente y otros derivados de la superpoblación, la contaminación, el calentamiento global y la escasez de recursos naturales.

A esto último debo añadir una nota biográfica. Adoro a los gatos (a todos los animales, en realidad, pero a los gatos especialmente). Recientemente se han muerto mis dos gatos de largo recorrido a los que crié desde los dos meses de vida: Nano con 13 años y Farruca con 16. Desde esa visión antropocentrica-social de la que muchos hacen gala, llegué a recibir comentarios del tipo, “se han muerto tus hijos”, “para ti tus gatos eran tus hijos… como no tienes los tuyos”, etc. NO, NO, NO… Que nadie se equivoque. Mis gatos no son mis hijos. Son animales muy queridos con los que he adquirido el compromiso de por vida de cuidarlos, amarlos y protegerlos. Y como ser vivos y sensibles que son los respeto y admiro, pues en los tiempos que corren no hay ser más desvalido en el planeta que un animal, doméstico o salvaje. Y eso me desgarra el alma. Como cantaba James Brown, “This is a men’s world”: despiadado, brutal y depredador.

Otra cosa que me chirría hasta las trancas es que se asocie la no maternidad con el feminismo. Conozco feministas feroces que habrían vendido el alma al diablo por ser madres. Lo que me trae a huevo el tema del “orgullo genético”. Que digan que somos egoístas los que no queremos hijos me parece de una hipocresía patibularia. ¿Qué hay de esos padres que admiten sin sonrojarse “A mí no me gustan los niños. Sólo me gustan los míos”? ¡Hay que joderse! Lo que te gusta ERES tú, pedazo de narcisista. Personalmente, me importan muy poco mis genes: creo que un genio puede nacer del garrulo más impredecible y de los padres más “posh” salir un tonto del culo sin limpiar. La genética es una lotería y los padres les echan muchos huevos jugando a la ruleta rusa con el caprichoso e impredecible ADN.

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También me encantó descubrir que California es una abanderada en el movimiento de derechos para los Childfrees. Me encantaría vivir una temporada en San Francisco y hace poco le comentaba a mi marido lo maravilloso que sería estar en un condominio o edificio comunitario SÓLO para solteros y parejas sin hijos. Vivo actualmente en un edificio plagado de familias con niños menos de 7 años y es un infierno. Empiezan a gritar a las 8 a.m y siguen a garganta pelada hasta las 21h. Vivo en un patio de colegio y es insoportable. Y es que parece ser que los niños tienen que gritar, pegar y en definitiva ser unos maleducados consentidos y sin disciplina porque sino, se trauman. En fin, todo un tema que no va conmigo pero que tengo que sufrir a diario como daño colateral.

Hooligan el padre, hooligan el hijo... El ambiente define más que los genes

Hooligan el padre, hooligan el hijo… El ambiente define más que los genes

Sin embargo, soy la envidia de mi círculo social; no de mis amigos, que en su mayoría son Childfree como mi marido y yo, sino de los amigos y/o conocidos que se convierten en padres y a los que raramente vuelvo a frecuentar ni tratar. Para mí, han saltado a un esfera de aburrimiento social y emocional con la que ni haciendo esfuerzos consigo empatizar, ni lo intento. Además, noto que de una forma sutil y tangencial, mi libertad les molesta y ofende. En realidad no se dan cuenta de que ellos podrían fácilmente ser como yo. El condón y la píldora está tan a su alcance como al mío. Pero es verdad: nos separa un abismo. Es la brecha insalvable que abre quien es capaz de imponerse al determinismo social, familiar y económico. Porque los Childfree atentamos contra el sistema de pensiones por no aportarle más carne de cañón, pero como yo no la voy percibir ¡que se pudra el sistema! Soy una mujer libre y vivo la vida sin hijos porque los hijos no son mi vida.

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Mis 10 palabras favoritas en Español

Me encantan las palabras, jugar con ellas, casarlas y divorciarlas a mi antojo creando nuevos palabros que me río yo de los dardos de Lázaro Carreter.

Hay palabras tan expresivas que fonéticamente ya revelan su significado o evocan otro diametralmente opuesto. Me encanta buscar significados sesgados o medio escondidos de otras palabras, que como el iceberg sólo muestran la puntita.
Como soy adicta a las listas (Listahólica), aquí dejo para la posteridad una bien facilita de leer y comprender (si hablas español. A un rumano le puede sonar a chino… Valga la estupidez).

1. Retruécano
Suena contundente, malsonante e ininteligible. Igual puede ser un insulto (“Eres un retruécano de cojones”) como una pieza de armamento pesado (“Las balas se obstruyen si está sucio el retruécano”). En realidad es una figura retórica usada profusamente en la literatura universal sobre todo durante el Siglo de Oro español, barroco como pocos. Y es que el retruécano está en frases hechas tan famosas como “Ni son todos los que están, ni están todos los que son”.
Visto lo visto, este recurso viene a unir dos frases que tienen las mismas palabras pero en orden cambiado con el objetivo de contraponer ideas.

Pero para mí como coleccionista de Granjerismos (definiciones absurdas que invento cuando me aburro), retruécano es “Trueque espontáneo de ideas entre decanos rivales”. Ahí lo dejo para los más sesudos.

2. Lipotimia
Lo que viene a ser “pérdida repentina y pasajera del conocimiento por falta de riego en el cerebro”. Es una palabra que según dice mi madre a los tres años yo repetía como un loro, porque se la había copiado a ella que siempre estaba al borde de la lipotimia, la histeria y el ataque de nervios.
En buen Granjerismo es “Timidez (-timia) que sufren algunas personas entradas en grasas (lipo-) quienes se desmayan súbitamente al sentirse observadas”.

3. Alicaído
Este término es tan visual que una imagen la explica mejor que cualquier palabra.

Pájaro loco

Este adjetivo maniaco-depresivo encierra en sus bien elegidas 8 letras una espléndida metáfora sobre la fatiga de todo bicho viviente, ejemplificada en el ave de alas flácidas que yace desplomada (a veces desplumada) del cielo… Hermoso a la par que doloroso.

4. Sílfide
Qué hermosura de palabro. Según la Mitología Centroeuropea, se trata de un espíritu femenino (ninfa) elegante y grácil ligado al Aire, uno de los cuatro elementos generadores de la Naturaleza. Vienen a ser como la hadas de los cuentos infantiles y las elfas de Tolkien.
En mi diccionario de Granjerismos, las sílfides son “Sirenas que han contraído la sífilis de tanto roce cariñoso con marineros del Báltico”.

5. Extravagante
Viene del latín, “andar errante fuera de los límites”. O andar errado, es decir, equivocado. Y es que ser extravagante suele verse por la mayoría como una equivocación, bien de la naturaleza o de la sociedad. Lo extraño, raro, peculiar o excesivamente original da miedo. No vamos a negarlo.

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En buen Granjerismo, se trata de “Individu@ tremendamente vag@, vací@, inútil… Más de lo normal”

6. Anémona
Según el DIG (Diccionario Irreal de Granjerismos), “Anne, joven vascuence realmente mona que sufre anemia, protagonista de la Saga romántico-borroka “Aflorando entre dudas nacionalistas” de la autora vasco-francesa Corinne Extremadura.
Por extensión y analogía, “dícese de toda joven adulta en edad de merecer pero de salud frágil y delicada”. Es decir, una bella flor de invernadero de mírame y no me toques.

En mi imaginación refrita en la niñez por los rayos catódicos, las anémonas marinas son las Fraggles Rock del océano, con esos pelos medio de planta, medio de animal. No se puede ser más tierna.

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7. Sístole
Suena tan dulce como un mariachi enamorado. De hecho, parece una contracción exclamativo-exaltada de “sí + tío + dale”. Pongámonos en situación. Digamos que por un avatar surrealista, me encuentro con Viggo Mortensen un día de estos y él muy amablemente me comenta, “¿Quieres tomarte una copa conmigo?”. Respuesta instintiva: “SÍSTOLE, SÍSTOLE” (al borde del paro cardiaco).

Fantasías animadas aparte, sístole es al corazón lo que una caricia al sexo: VITAL. Sin sístole, la sangre ahoga irremediablemente el corazón Mala forma de morir, incluso para un romeo de tiros cortos.

8. Melifluo
Del latín, “que destila miel”, más empalagoso que el dulce de leche e igual de pegajoso. Es una palabra que fonéticamente me encanta porque parece fluir como un río de ambrosía por la lengua de un rapsoda. Pero semánticamente me asquea; siempre la he asociado a gente cursi en modos y habla. Sobones de todos los tamaños, zalameros sin remedio y melosos de doble filo. ¡Líbreme Dios de los melifluos que de los sobrios me libro yo!

9. Desasosegado
Aliteración pura y dura. Esas eses hacen estragos en mi mente.
En granjerismo, viene a ser “campesino expulsado de la siega por su falta de aseo”. Y a tenor de esa expulsión, el desasosegado queda ídem, sin sosiego, quietud, descanso, tranquilidad. En realidad, deberíamos dejar de decir “estresado” y adoptar poéticamente “desasosegado” como a un lindo gatito.

10. Antimonio
Según el DRAE, “Elemento químico de número atómico 51, duro, quebradizo y de color blanco azulado; escaso en la corteza terrestre y aleado en pequeñas cantidades con diversos metales, les da dureza”.
Para mí el Antimonio es un exorcista de tomo y lomo, un matasatanes, un antidemonios. De hecho, si te encuentras un diablillo recién salido del horno con tirarle un pedrusco de antimonio a la cabeza lo dejas fuera de juego.

antimoni (1)

Hay muchas más en mi saco de palabras esenciales, pero esto no es el María Moliner. Lo bueno es que haciendo esta compilación me he dado cuenta de que me chiflan las palabras con m, n, s, l. Son las letras que más he puesto.
Y a ti, ¿qué palabras te ponen más?